EL VALLENATO

El reto de Miriam Méndez: de la correa rota en 2025 a buscar la corona de reina vallenata

Miriam Méndez, acordeonista, madre y docente universitaria, regresa al Festival Vallenato 2026 tras ser virreina en 2025, decidida a coronarse y defender el rol de la mujer folclorista.

Miriam Méndez durante su inscripción al Festival Vallenato 2026, acompañada por su cajero y su guacharaquero, el equipo base con el que buscará la corona de acordeonera mayor. Foto: Cortesía.

Miriam Méndez durante su inscripción al Festival Vallenato 2026, acompañada por su cajero y su guacharaquero, el equipo base con el que buscará la corona de acordeonera mayor. Foto: Cortesía.

Por: Katlin

@el_pilon

canal de WhatsApp

La noche de la final de la categoría Acordeonera Mayor del Festival Vallenato 2025 estuvo marcada por la lluvia y por un silencio tenso cuando, en plena final de acordeonera mayor, a Miriam Catherine Méndez Guerra se le rompió la correa del acordeón. “Fueron los 50 segundos más largos de mi vida”, recuerda. Esperó inmóvil a que el jurado se diera cuenta del incidente: si se detenía antes de la orden oficial podía quedar descalificada. Mientras el público gritaba y sus compañeros la animaban a seguir, ella decidió aguantar. “Eso me ayudó a tener más confianza en mí misma… y a ser más cuidadosa con los detalles técnicos del instrumento”, cuenta.

Pese al tropiezo, terminó la presentación, llegó al veredicto y se quedó con el segundo lugar de la categoría acordeonera mayor del Festival de la Leyenda Vallenata 2025, un resultado que hoy define como “un logro” sustentado en compromiso y perseverancia.

Virreina, profe y guardiana del folclor

El título de virreina no solo impulsó su carrera musical, también reforzó su papel como docente y folclorista. Miriam es licenciada en arte, folclor y cultura y magíster en pedagogía; enseña en la Universidad Popular del Cesar y combina teoría, práctica y memoria oral en sus clases. “Siento que le abrí un espacio a la nueva generación, tanto a los jóvenes como a las mujeres, porque realmente somos pocas las mujeres que tocamos acordeón en nuestro género vallenato”, afirma.​

Tras la final, su nombre se convirtió en motivo de orgullo en dos pueblos que la reclaman como suya: Bosconia (Cesar) y Santa Ana (Magdalena). “Soy la primera virreina que tiene Santa Ana y que también tiene Bosconia”, dice. Ambos municipios le hicieron homenajes y la invitaron a motivar a los jóvenes de la red de artistas Son Arte, enfocada en formar acordeoneros vallenatos. Esa visibilidad, asegura, marcó un antes y un después en su carrera.​​

La familia que apostó por un acordeón “para el hermano”

Su historia con el acordeón empezó casi por accidente. En su casa compraron el instrumento pensando en su hermano, pero fue ella quien terminó enamorada del fuelle. “Mi primer profesor fue mi hermano”, recuerda. Su madre, que la acompañó durante años a la Casa de la Cultura, vivió de cerca ese proceso y hoy ve materializado un sueño que ella misma no pudo alcanzar: tocar acordeón en un contexto donde no se veía bien que las mujeres se dedicaran a la música.

“Al verme hoy como virreina de un festival en donde se presentan los mejores músicos, para ella es satisfactorio”, relata Miriam. Su esposo, su padre y su hermano también celebran el título, conscientes de que detrás de ese segundo lugar hay una niña que recorrió festivales mixtos en pueblos como Los Andes, Bosconia y Santa Ana, compitiendo casi siempre contra hombres y alcanzando primeros, segundos y terceros puestos desde la adolescencia.​​

“No soy solo acordeonera: soy acordeonista”

Un año después, Miriam vuelve a inscribirse en la categoría acordeonera mayor para la 59 versión del Festival de la Leyenda Vallenata, pero con una claridad conceptual que nace de su formación académica. Para ella no es lo mismo llamarse acordeonera que acordeonista. Explica que el término “acordeonero” viene de los juglares que aprendieron de forma empírica, sin profesionalizarse. Hoy, en cambio, muchos intérpretes estudian el instrumento, investigan y escriben sobre él.

Miriam Méndez durante su inscripción al Festival Vallenato 2026, acompañada por su cajero y su guacharaquero. Foto: Cortesía.

Miriam Méndez durante su inscripción al Festival Vallenato 2026, acompañada por su cajero y su guacharaquero. Foto: Cortesía.

“Yo me considero acordeonista, no solamente porque me preocupo por ejecutar bien el acordeón, sino porque me he dedicado a otras áreas… a dejarle un aporte a nuestra cultura”, sostiene. Su interés no se limita al vallenato tradicional: le preocupa la falta de materiales escritos sobre ejecución del acordeón y quiere contribuir desde la investigación y la docencia, especialmente desde la mirada femenina.

La integralidad de una mujer folclorista

Si algo resume a Miriam es la integralidad: madre, esposa, docente universitaria, investigadora y competidora de alto nivel en el festival más importante del vallenato. Ensaya de lunes a viernes, de 6:30 a 9:00 de la noche, en su propia casa, ajustando horarios a la agenda de músicos que también tienen agrupaciones y familia. “Yo soy mamá, tengo un hogar por el cual responder… mi prioridad es atender a mi hija mientras está pequeña”, admite, sin abandonar su preparación artística. 

Su rol como mujer folclorista implica, además, una curaduría ética del repertorio: rechaza letras que desvalorizan a la mujer y busca canciones que la elogien, coherente con su discurso de que las mujeres pasaron de ser musas a creadoras del género. Este año eligió 15 temas, incluidos homenajes al Binomio de Oro de América, y cuidó que las letras se alinearan con sus valores.

Detrás del brillo en tarima hay una discusión poco visible: la forma en que el acordeón, sus correas y la puesta en escena responden —o no— al cuerpo femenino. Miriam lo vivió de manera extrema en 2025: además de la correa rota, estaba lactando. “Fue súper difícil buscar una técnica para mí como mujer… las correas presionan el pecho”, cuenta. Por eso manda a hacer pecheras más flexibles, adaptadas a su anatomía, una necesidad que rara vez se consulta con las propias intérpretes. A esto se suma la exigencia estética: ella defiende que la mujer se vea como mujer en tarima, con vestidos y tacones, aun cuando eso implique dolor de espalda y mayor incomodidad para tocar. 

Un equipo afinado y una nueva filosofía de puya

Para 2026 la base musical se mantiene: el mismo cajero y un nuevo guacharaquero de lujo, Iván Becerra, rey de la piqueria del festival 2025 y viejo compañero de estudios de licenciatura en artes y folclor. Esa cercanía académica y humana facilita la conexión: “La integración es excelente, son excelentes profesionales”, asegura. Ensayan pensando no solo en la precisión rítmica, sino en entradas, solos y pequeñas coreografías, sobre todo en la puya.

Este año, Miriam decidió romper con la puya egocéntrica. En lugar de las letras típicas de “yo me las voy a ganar a todas”, su composición busca exaltar a quienes la acompañan. “Este año me voy a caracterizar por elogiar el trabajo de mi equipo de trabajo… aunque el título es mío, el trabajo es en conjunto”, explica. También incluye a Dios como primer protagonista, recordando que “es el que se olvida” en muchos discursos de triunfo. 

Compromiso con Bosconia, Santa Ana y el futuro

Volver a competir no es solo “piquiña de podium”. Miriam habla de un compromiso con sus dos tierras —Bosconia y Santa Ana—, territorios donde percibe que el arte, el folclor y el deporte han sido relegados mientras aumentan problemas como drogadicción y embarazos en menores. Si llega la corona, ya tiene claro el camino: gestionar proyectos culturales para niños y jóvenes, abrir más espacios para mujeres y fortalecer desde la Universidad Popular del Cesar procesos que ayuden a conservar el vallenato como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Y si no gana, su respuesta también es contundente: insistir. “Me volveré canzona y seguiré insistiendo hasta que se den”, dice entre risas, pero con la firmeza de quien ve en la tarima no un fin, sino una plataforma para transformar realidades. Entre la niña que aprendió en la Casa de la Cultura con acordeones prestados y la acordeonista que hoy vuelve al Parque de la Leyenda, hay una misma misión: que el fuelle siga sonando en manos de mujeres que conservan, enseñan y reinventan la tradición vallenata.

Temas tratados
  • acordeonera mayor
  • Cesar
  • Festival Vallenato
  • Miriam Méndez
  • valledupar
  • vallenato

TE PUEDE INTERESAR