Las declaraciones del presidente Gustavo Petro durante un discurso en Bogotá desataron una intensa polémica nacional, luego de afirmar que “Jesús hizo el amor, sí. A lo mejor con María Magdalena”, una frase que generó rechazo inmediato en sectores religiosos y una ola de reacciones en redes sociales. Para muchos feligreses y líderes de opinión, las palabras del mandatario cruzaron una línea sensible al abordar, desde el poder político, aspectos íntimos de la figura central del cristianismo.
La controversia escaló rápidamente y motivó un pronunciamiento de la Conferencia Episcopal de Colombia, que defendió las bases doctrinales del catolicismo y recordó que Jesucristo es reconocido por la Iglesia como Hijo de Dios y Salvador, no solo como un personaje histórico sujeto a interpretaciones personales. El mensaje, difundido en la red social X por el periodista Ricardo Ospina, subrayó la importancia del respeto a las creencias religiosas en un Estado plural y democrático.
Leer más: Luto en Valledupar: una abogada vallenata entre las víctimas de la tragedia aérea de Satena
En su respuesta, los obispos insistieron en que la Constitución colombiana y la jurisprudencia vigente protegen la libertad religiosa y establecen límites claros para evitar la interferencia del poder público en asuntos de fe. Aunque no mencionaron directamente al presidente, el pronunciamiento fue interpretado como una respuesta directa a sus palabras, al advertir que ningún funcionario está llamado a emitir juicios teológicos sobre las creencias de los ciudadanos.
El episodio reabrió el debate sobre los alcances del discurso presidencial y el equilibrio entre la libertad de expresión y el respeto institucional, en un país mayoritariamente creyente. Mientras el Gobierno no ha emitido una aclaración formal, la polémica deja en evidencia la tensión persistente entre el poder político y la religión, un tema que sigue generando profundas divisiones en la opinión pública colombiana.











