El pasado 9 de marzo, Guillermo Echavarría fue elegido como rector de la Universidad Popular del Cesar para el periodo 2026-2030 en medio de una polémica, porque la reunión de designación solo duró 8 minutos y participaron 5 de los 9 integrantes. Los otros 4 llegaron tarde. Hubo demandas en contra de dicho proceso.
EL PILÓN lo entrevistó sobre la legitimidad de su elección, temas políticos, académicos, entre otros.
Hay duros cuestionamientos sobre la legitimidad de su designación por cómo se dio la sesión. Solo 8 minutos y 4 no participaron…
Son cuestionamientos que recibo con la empatía y solidaridad que exige un proceso democrático, pero que provienen de las campañas perdedoras. Cuando hablamos de legitimidad, los datos son claros: nuestra campaña ganó en los tres estamentos (egresados, profesores y estudiantes), logrando la votación más alta en la historia de la UPC.
Más de 5.200 personas nos respaldaron. Nunca un candidato había sacado más de 2.700 votos y nosotros casi duplicamos esa cifra, obteniendo el 25 % del total en un tarjetón con 25 candidatos. Es imposible hablar de ilegitimidad cuando ganamos contundentemente en las urnas y, posteriormente, en el Consejo Superior con la mitad más uno de los votos. Nos quieren convencer de un mensaje de confusión que no refleja la realidad.
Pero muchos sectores de interés en la UPC no piensan lo mismo… La universidad está polarizada…
El consenso también se construye respetando el disenso. Mi mensaje siempre será de empatía y solidaridad. A los sectores que tienen una afiliación diferente a la nuestra, los invito a hacer equipo. Ya dejamos atrás esa universidad “a escala de grises” donde no había acreditación ni dignidad; hoy somos una universidad proyectada hacia el futuro.
Las reglas institucionales para elegir rector son actos reglados que se deben acatar con gallardía democrática. Aprovecho este espacio para invitar a todos los candidatos y a toda la comunidad universitaria a que nos unamos. El proceso electoral ya pasó; ahora lo fundamental es seguir transformando juntos la Universidad Popular del Cesar.
Detrás de la UPC hay demasiados intereses políticos que si no se manejan no hay gobernabilidad…
Mi proceso de elección fue distinto porque es netamente académico, no político. He construido mi liderazgo desde la narrativa de la empatía, el respeto a la diferencia y el amor. Dicho esto, comprendo que la universidad no se puede dividir y que necesitamos tender puentes.
Debemos lograr un gran acuerdo sobre lo fundamental para que nuestra clase parlamentaria y dirigente vea a la universidad como una herramienta de gestión. Por ejemplo, este año cumplimos 50 años y necesitamos el respaldo del Congreso para extender la Ley 551 de 1999 (Pro Estampilla Universitaria) y así conseguir recursos para infraestructura y transformación digital. Además, gracias a la lucha estamentaria, ya se cambió la vieja fórmula de la Ley 30 que nos financiaba como universidad de provincia en desventaja; ahora los recursos se distribuyen de manera más justa.
¿Quién es el nuevo rector de la Universidad Popular del Cesar?
Soy, ante todo, un defensor de la Universidad Popular del Cesar; desde que tengo relación con ella no he hecho más que habitarla y defenderla. Soy abogado y administrador público de profesión, egresado de esta misma institución. En mi época de estudiante fui dirigente y vocero de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) en el Cesar, y llegué a ser candidato al Consejo Superior por los estudiantes.
Académicamente, soy especialista en Gestión, Derechos Humanos y Derecho Administrativo, magíster en Derecho y doctorante en Derecho Puro. Soy docente investigador universitario desde hace más de seis años y, en 2022, fui elegido representante de los docentes ante el Consejo Superior con casi el 79% de respaldo. Hoy, a mis 35 años, soy el rector más joven en la historia de la universidad y, muy seguramente, de las universidades públicas del país.
¿Usted es el candidato de la actual administración?
Más que ser el candidato de alguien, tenemos una simpatía por seguir transformando la universidad. En la terna de los cinco designables muchos tenían cercanía con la administración actual, pero mi verdadera cercanía es con el movimiento estudiantil, profesoral y de egresados.
Sin embargo, hay que reconocer que la actual administración nos ha señalado el camino correcto: acreditar la universidad, formalizar docentes y llevar la institución al territorio. Yo quiero darle continuidad a esas buenas acciones. Este año daremos el debate para crear el programa de Medicina, abrir la sede en La Jagua de Ibirico y seguir llegando a municipios como El Copey, Chiriguaná y El Banco. En 49 años de historia solo celebrábamos tener un programa acreditado; hoy tenemos seis, cuatro por acreditarse y estamos a dos meses de la visita para nuestra acreditación institucional.
¿Qué cosas específicas hay que cambiar o mejorar dentro de la universidad?
Implementaremos lo que he denominado “acciones de amor”: garantizar que la gerencia institucional responda a las necesidades reales de la gente. Para los estudiantes, esto significa solucionarles el parqueadero, crear zonas de descanso dignas, gestionar la gratuidad en el comedor universitario y establecer rutas de transporte para los jóvenes de Codazzi, Manaure, La Paz o Pueblo Bello.
Para los docentes, significa dignificar su labor. Queremos crear una guardería universitaria para que el profesor pueda dejar a su hijo mientras da clases y brindarles apoyo integral en salud mental.
El elemento diferenciador de mi administración será la escucha; no se hará ninguna inversión que no obedezca a lo que los estamentos realmente solicitan y necesitan.






