Durante muchos años, Valledupar ha sido reconocida ante Colombia y el mundo por el poder de su música. El acordeón, la caja y la guacharaca lograron lo que pocas expresiones culturales consiguen: convertir una ciudad intermedia en una referencia universal. Quizás por eso la cuarta versión de la Feria del Libro de Valledupar, FELVA 2026, dejó una sensación distinta. Más allá de los balances oficiales, de las cifras de asistencia o de la calidad de los invitados, la feria permitió observar algo mucho más profundo, y es que Valledupar está comenzando a construir una ciudadanía alrededor de los libros.
Tuve la oportunidad de asistir a numerosos eventos durante los cuatro días de programación. Caminé junto a mi familia por las calles del centro histórico, recorrí los estands editoriales, escuché conversaciones memorables y adquirí varios ejemplares que hoy ocupan un lugar privilegiado en mi biblioteca personal. Más que una agenda cultural, FELVA 2026 terminó convirtiéndose en una experiencia colectiva que permitió reencontrarnos con una ciudad distinta.
Detrás de ese logro existe una alianza institucional que merece reconocimiento y es muestra de que si se puede. La Feria del Libro de Valledupar fue organizada por el diario El Pilón y la Alcaldía de Valledupar, con el respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, el Banco de la República, la Cámara de Comercio de Valledupar, Gases del Caribe, universidades de la región, empresas privadas y diversos fondos editoriales independientes. Esa articulación entre sector público, sector privado, academia y medios de comunicación pone de presente que cuando una ciudad se propone alcanzar un objetivo común, los resultados se terminan consolidando.






