COLUMNA

Desde la diferencia: carta a un amigo de izquierda

Quiero que sepas, ante todo, que estoy contigo. Eres mi amigo. Cuentas conmigo. Te valoro, te admiro y te respeto por quién eres, por lo que eres y simplemente porque eres mi amigo. No comparto tu ideología, pero desde la diferencia te respeto y espero, con la misma honestidad, tu reciprocidad.

canal de WhatsApp

Quiero que sepas, ante todo, que estoy contigo. Eres mi amigo. Cuentas conmigo. Te valoro, te admiro y te respeto por quién eres, por lo que eres y simplemente porque eres mi amigo. No comparto tu ideología, pero desde la diferencia te respeto y espero, con la misma honestidad, tu reciprocidad.

Si hay algo que compartimos la gran mayoría de los ciudadanos de a pie, tú y yo incluidos, es el anhelo por el bien común. Queremos paz, seguridad, bienestar, oportunidades y un futuro digno para nuestros territorios. En eso coincidimos, más allá de las etiquetas políticas, de los discursos y de las banderas.

Sin embargo, por mis convicciones éticas, morales y espirituales; por el profundo amor que guardo por mis hijas, por mi familia, por mis compatriotas y, sí, por el mismo afecto que te profeso a ti, no me pidas que abrace como propias ciertas ideas ni ciertos referentes. No me pidas que normalice ni justifique pensamientos o prácticas que, a mi juicio, degradan la dignidad humana y fracturan el tejido social.

No me pidas que comulgue con proyectos políticos que negocian con criminales desde las cárceles, que someten a los más débiles a humillaciones disfrazadas de control, que hablan de paz mientras siembran odio y división, o que pregonan igualdad y bienestar mientras concentran fortunas lejos de los pueblos que dicen defender.

No me pidas que celebre discursos contra la corrupción cuando la historia demuestra que quienes los enarbolan terminan protagonizando algunos de los gobiernos más corruptos. No me pidas que aplauda llamados irresponsables a la desobediencia civil o militar, ni que vea en el subsidio eterno una solución estructural, ni que confunda justicia social con resentimiento, ni superación con nivelación hacia abajo.

Tampoco me invites a sentir orgullo de liderazgos construidos desde la impostura, el clientelismo, la compra de títulos profesionales o la banalización de lo público. Mi respeto por ti, precisamente, no me permite llegar a ese punto de degradación del debate ni de la sociedad. No por desprecio, sino por coherencia. No por odio, sino por amor: amor a Dios, a mi familia, a mi patria… y también a ti.

Dicho esto, sigo convencido de algo esencial: podemos convivir en medio de la diferencia. Podemos dialogar sin anularnos, disentir sin destruirnos y construir incluso cuando el entorno parece sumido en el caos. La democracia no exige unanimidad; exige respeto. La paz no nace del silencio impuesto, sino de la conversación honesta.

Tal vez el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea pensar igual, sino aprender a no vernos como enemigos por pensar distinto. Si logramos eso, amigo de izquierda, habremos dado un paso más grande que cualquier consigna: el paso hacia una sociedad donde la diferencia no divida, sino que enriquezca.

Elvis Díaz Sosa 

Abogado

TE PUEDE INTERESAR