La vida de Hernando José Nigrinis Maestre cambió en una fracción de segundos, los mismos que tardó el imponente Hércules C-130, matrícula 1016, en estrellarse contra la espesura de la selva en Puerto Leguízamo, Putumayo. Con apenas 21 años y oriundo de La Jagua de Ibirico, este soldado profesional hoy relata desde una camilla en Bogotá lo que muchos consideran un auténtico milagro de fe.
Antes de subir a la aeronave, Nigrinis elevó una oración silenciosa encomendándose a Dios, sin imaginar que ese sería el último gesto de calma. “Fue tan rápido que no supe lo que sucedió. Recuerdo que antes de subir al avión hice una oración encomendándome a Dios”, relató el joven jagüero al medio Kuper Online, sobre los instantes previos al siniestro.
El relato del soldado es una crónica del instinto de supervivencia en medio del caos. Nigrinis recuerda que el impacto fue tan repentino que apenas hubo tiempo para procesar el peligro inminente. “Nos embarcamos y de pronto escuchamos un ruido; íbamos golpeando palos”, detalló sobre el momento en que la aeronave comenzó a colisionar con la vegetación.






