En un ambiente cargado de emotividad, fe y una profunda riqueza cultural, arribó a la capital del departamento del Guaviare monseñor Jesús Alberto Torres Ariza para asumir su nuevo encargo pastoral como obispo de la Diócesis de San José del Guaviare.
La terminal aérea de la ciudad se convirtió en el escenario de una cálida bienvenida donde la comunidad, el clero y diversos grupos étnicos se unieron para recibir al prelado, quien estuvo acompañado por el obispo de Valledupar, Óscar José Vélez Isaza.
Desde el momento en que cruzó las puertas de la sala de equipaje, el nuevo obispo fue acogido por un grupo de fieles entusiastas que incluía a delegaciones parroquiales vestidas de blanco, sacerdotes locales y ciudadanos que buscaban saludar a su nuevo pastor.
Intercambio y conexión cultural
Las imágenes del recibimiento destacan la alegría de los feligreses, quienes bajo letreros de bienvenida y globos, rodearon a monseñor Torres Ariza para expresarle su cercanía y apoyo en esta nueva etapa ministerial que emprende en el sur del país.
Uno de los momentos más simbólicos de la jornada fue el encuentro con las comunidades indígenas del territorio. En un gesto de respeto mutuo e integración cultural, representantes de los pueblos originarios, ataviados con sus trajes tradicionales de faldas de fibra y collares, le impusieron al obispo una corona de plumas multicolor. Monseñor Torres Ariza no dudó en portar este distintivo mientras se dirigía a los presentes micrófono en mano.
La celebración también estuvo marcada por el folclor afrocolombiano. Mujeres con vestidos tradicionales amarillos y blancos danzaron al ritmo de la música típica para amenizar la llegada, creando un pasillo de honor lleno de movimiento y color. El obispo, visiblemente emocionado y sonriente, observó las muestras artísticas que reflejan la identidad pluriétnica del Guaviare.
Cabe recordar que la semana pasada, en la Catedral Santo Ecce Homo de Valledupar, fue ordenado como nuevo obispo de la Diócesis de San José del Guaviare, quien hasta entonces se desempeñaba como párroco de la iglesia Santa María Madre y Reina de la Paz, al norte de la capital del Cesar. Durante varios días le brindaron homenajes tanto en Valledupar, como en Urumita, La Guajira, su tierra natal.









