En redes sociales circula desde comienzos de esta semana una pieza que convoca a una “reunión de therians” en el Parque de la Vida, este sábado 21 de febrero a las cuatro de la tarde, con el objetivo de crear una comunidad de esta subcultura en la ciudad. La invitación, compartida en WhatsApp, Instagram y TikTok, muestra a jóvenes que se identifican como animales y que anuncian el encuentro como un espacio para “ser uno mismo” sin burlas ni discriminación.
Más allá de los memes y de la burla fácil, el anuncio encendió preocupaciones en sectores de la salud mental y de la medicina veterinaria en Valledupar, que advierten sobre el riesgo de normalizar comportamientos que pueden esconder crisis identitarias profundas y confusiones sobre el ejercicio profesional de los veterinarios.
¿Quiénes son los “therians” y qué se convoca en Valledupar?
Los “therians” son personas que dicen experimentar una conexión intensa con un animal específico —lobo, gato, felino, ave— al punto de incorporarlo a su identidad psicológica o espiritual; algunos aúllan, maúllan, se desplazan en cuatro patas o usan colas, orejas y collares en espacios públicos.
En ciudades de Argentina y Uruguay se han visto reuniones en plazas con jóvenes encapuchados que se comportan como manadas, escena que se ha replicado en videos virales y ha llegado a Colombia a través de tendencias que mezclan curiosidad, burla y pánico moral.
En Valledupar, el llamado en el Parque de la Vida busca conformar una comunidad local, según se lee en grupos cerrados de mensajería donde adolescentes del Cesar reportan encuentros informales previos en universidades y parques.
“No es solo una moda, es una crisis de identidad”
Para la psicóloga clínica y docente universitaria Claudia María Valdez Romero, profesora de la Universidad de Santander (UDES) en Valledupar, hablar de “identidad therian” como si fuera un rasgo estable todavía es prematuro. Prefiere nombrarlo como “un fenómeno colectivo, un fenómeno social” que nace en un contexto donde “estamos naturalizando y normalizando lo patológico”.
“La identidad se puede concebir como una construcción social y la identidad inicia desde nuestra infancia hasta el día que fallecemos. Es decir, es una construcción social, además no es puramente biológica, no es individual”, explicó Valdez en entrevista con EL PILÓN, al advertir que encasillar a los therians como una identidad cerrada puede ocultar procesos de malestar más profundos.
Claudia María Valdez Romero, psicóloga clínica y docente en UDES. (Foto: Cortesía)
Para la especialista, este auge dice más de la crisis de los jóvenes que de los animales que dicen encarnar: “Aquí lo que nos está diciendo esto es que hay una comunidad, hay una juventud, hay unas personas que no se sienten que encajan dentro de este mundo, dentro de la sociedad y entonces quieren encajar dentro de otro tipo de contexto natural, rescatando características de los animales. (…) Más allá del genotipo, se identifican con lo que representan esos animales: la fuerza del lobo o del tigre para defenderse de un mundo en el que se sienten frágiles”, señaló.
Valdez enlaza el fenómeno con un contexto de salud mental juvenil ya deteriorado: aumento de depresión, ansiedad, ideación suicida y trastornos obsesivo-compulsivos en adolescentes, reportados también por estudios internacionales recientes sobre jóvenes y redes sociales.
“Casualmente, están aumentando los índices de depresión, de suicidio, de ansiedad, de trastornos obsesivo compulsivo y de problemas de salud mental en los jóvenes. Y nace este nuevo fenómeno colectivo. (…) ¿Por qué tengo que declararme gato para sentirme diferente? ¿Será que no estoy reconociendo la diferencia desde mi ser humano?”, cuestionó.
De los emos a los “therians”: ¿subcultura más o algo distinto?
La psicóloga compara el auge actual de los “therians” con subculturas juveniles del pasado, como los emos, pero subraya una diferencia clave: el cruce entre identidad y conducta.
“Los emos tenían que ver más con la manera de vestir y unos símbolos sociales, una manera de ser irreverentes frente a la sociedad”, recuerda. En cambio, sostiene que el fenómeno “therian” va más allá del atuendo: “Esto es más que un simple disfraz. Estas personas no solamente se visten como animales, también se comportan como animales. He conocido casos de jóvenes que ladran, aúllan, se arrastran, van a cuatro patas y esperan ser tratados como mascotas, incluso acudiendo a hospitales veterinarios”, relató, lo que ha conversado desde los espacios académicos hasta médicos con colegas.
Fenómeno viral que llega a Cesar. En Valledupar, buscan formar "comunidad local". Imagen: Getty.
Valdez advierte que aún no existe una categoría diagnóstica específica para el therianismo en manuales como el DSM o la CIE, y ve el fenómeno más cercano a “procesos identitarios disfuncionales” que se montan sobre el discurso amplio de diversidad.
“La diversidad no puede ser un término que se prostituya y se aplique para todo. Aquí no hablamos de identidad de género, sino de una identidad social donde pasamos de considerarnos humanos a considerarnos no humanos. Y eso, en algunos casos, normaliza procesos patológicos”, afirmó.
Veterinarios: libertad de expresión sí, pero no pacientes “humanos”
La polémica también tocó a los veterinarios de Valledupar, que han empezado a ver con preocupación el debate en redes sociales porque temen que una denuncia en redes sobre pisotear el libre desarrollo de la personalidad, dé mala fama a su profesión.
El médico veterinario zootecnista Edinson Ortegón Santana, egresado de la Universidad de Córdoba y director del Centro Veterinario Cachorros, fue enfático: la ley los respalda para negarse.
Citó la Ley 576 de 2000, que regula el ejercicio profesional de la medicina veterinaria en Colombia, en particular su artículo 25: “Los profesionales en ciencia animal deberán atender todo servicio solicitado, pero podrán excusarse de atender un caso, una consulta o interrumpir la prestación del servicio cuando no corresponda al campo de su conocimiento o competencia”, recordó.
Para Ortegón, esa cláusula es suficiente para marcar un límite: “Ya con eso tengo suficiente. Si llega una persona y me dice que es un “therian”, yo puedo decir: ‘No lo voy a atender porque no es mi competencia’. La ley me respalda. No es una cuestión de dinero ni de perder un cliente, es que no es un animal”, precisó.
El veterinario explicó que, así como puede negarse a intervenir especies silvestres para las que no está formado, también debe abstenerse de actuar sobre cuerpos humanos, incluso si la persona insiste en que “se percibe” como animal.
Veterinario Edinson Ortegón Santana, del Centro Cachorros. (Foto: EL PILÓN)
“Yo no puedo hacer lo que no tengo conocimiento. Si me pongo a hacerlo, me veo obligado a ser juzgado por el tribunal de ética profesional. Tenemos leyes nacionales, colegios profesionales y tribunales que nos obligan a cumplir parámetros claros. La nación emite la ley y nos dice qué podemos y qué no podemos hacer”, agregó.
Libertad de expresión y límites legales
La convocatoria a la reunión en el Parque de la Vida se escuda en el derecho a la libre expresión y al libre desarrollo de la personalidad, consagrados en la Constitución. En espacios públicos, la ley protege la posibilidad de reunirse pacíficamente, como ocurre con cultos religiosos, marchas o encuentros culturales.
Ortegón reconoce ese marco, pero subraya que la libertad no obliga a los profesionales a validar la autopercepción como criterio clínico: “La Constitución le permite a cada quien considerarse como quiera, pero eso no significa que yo, como veterinario, esté obligado a tratarlo como paciente animal. Mi opinión personal sobre el fenómeno debo guardarla; lo que no puedo hacer es violar la ley o mi código de ética por complacer a alguien”, sostuvo.
El médico advierte, además, que la “moda” ha puesto al gremio en una posición delicada: “Es un tema que muchos ven como jocoso, pero a nosotros nos expone a ser demandados si actuamos por fuera de nuestro campo. Entre colegas circulan chistes, pero detrás hay dilemas reales: no es juego cuando se trata de procedimientos, medicamentos o cirugías pensadas para animales que alguien pretende aplicar sobre un humano”, dijo.
¿Burlas o señales de alarma?
Para Claudia Valdez, la invitación a la reunión de “therians” en Valledupar no debe tratarse solo como material para memes ni tampoco como una amenaza inmediata, sino como un síntoma que merece una lectura cuidadosa.
“No se trata de estigmatizar a una persona “therian”. Son seres humanos que se comportan de manera diferente. La pregunta es qué hay más allá del disfraz: qué los llevó a eso, qué está pasando en su corazón, qué no les encaja del mundo en el que viven”, planteó.
La psicóloga sugiere que el acompañamiento familiar y escolar es clave: “Esto no viene de la nada, viene de disfunciones familiares y sociales. Sentirse aceptado no es que me aplaudan todo. Es preguntarnos quién soy para mi papá, quién soy para mi mamá, quién soy en mi colegio. Esa pregunta va estructurando nuestra psique. Si la respuesta es que solo tengo un lugar en el mundo siendo lobo o gato, hay algo que la sociedad está dejando de ver”, advirtió.
Tanto Valdez como Ortegón coinciden en que el fenómeno obliga a un debate más amplio en Valledupar: sobre salud mental juvenil, límites del discurso de diversidad, formación ética de los profesionales y el papel de las redes sociales en la construcción de identidades extremas. Mientras tanto, el Parque de la Vida se prepararía para una cita que pondrá a prueba hasta dónde la ciudad está dispuesta a mirar de frente a su propia juventud sin reducirla a chiste ni a amenaza.







