El histórico palo e mango de la plaza Alfonso López acaba de pasar por su primer “chequeo médico” profundo: una tomografía sónica que permitió ver qué ocurre al interior de su tronco sin hacerle cortes ni daños. Los resultados iniciales indican que, aunque el árbol presenta una pudrición interna en su centro, su estructura general se mantiene estable y no representa, por ahora, un riesgo de caída, pero sí exige mejores cuidados y manejo técnico.
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A un costado de la tarima Francisco El Hombre, el equipo del ingeniero agrícola Jairo Rosero instaló un tomógrafo de tecnología alemana alrededor del tronco de más de cuatro metros de circunferencia.
Un examen para medir el riesgo
“Este tomógrafo es un instrumento para evaluar el riesgo de los árboles y la calidad de la madera por dentro”, explicó Natalia Rosero, ingeniera ambiental del equipo, mientras fijaba uno a uno los sensores en la corteza. “Trabaja con impulsos de sonido: se colocan los sensores alrededor del árbol y, cuando hacemos la toma, le pegamos a cada uno para que mande ondas de sonido a través de la madera”.
El software del equipo registra la velocidad a la que viaja cada onda y cómo “choca” con los 14 sensores ubicados en el tronco. “Cuando en la madera hay un hueco, una pudrición o una oquedad, la onda viaja más lento porque no tiene un medio sólido por el cual transportarse”, detalló Rosero. “Entre más baja sea la velocidad, mayor es la probabilidad de que exista un vacío interno, y el sistema nos muestra exactamente en qué parte del árbol está la afectación, en una imagen circular de la sección que estamos estudiando”.
Puntillas, desinfección y mitos sobre el daño a los árboles
Uno de los momentos que más llamó la atención fue cuando el equipo empezó a fijar pequeñas puntillas de acero inoxidable para sostener los sensores. Varios curiosos preguntaron si eso no iba a enfermar al árbol.
“En Cali hemos hecho más de 2.000 tomografías y nunca hemos tenido un caso donde la puntilla haya generado una infección o afectación al árbol”, aclaró el ingeniero agrícola y ponente, Jairo Rosero. “Usamos puntillas de acero inoxidable y, de un árbol a otro, las desinfectamos con agua y un poco de cloro, como recomiendan los protocolos fitosanitarios”.
El equipo aprovechó para insistir en una práctica clave que casi nunca se cumple en las ciudades: “Así como con las puntillas, siempre que se hagan podas o talas se deberían desinfectar las herramientas —motosierras, serruchos, guadañas—, porque está comprobado que muchos hongos y bacterias se transmiten de un árbol a otro por la mala manipulación de los instrumentos”.
¿Qué vio la tomografía dentro del palo’e mango?
Al terminar la toma, la pantalla de la tableta mostró un corte circular del tronco con zonas azules, verdes, amarillas y rojas. Allí se alcanza a leer parte del diagnóstico técnico: “En este árbol vemos una zona interna con menor velocidad de las ondas, que corresponde a madera más debilitada o con pudrición en el duramen, el centro del tronco”, explicaron. “Pero el 70 % de la estructura interna y el 30 % de la estructura externa que evaluamos aparece en buen estado. Eso quiere decir que, aunque tiene una afectación central, no es algo alarmante ni implica que el árbol esté a punto de caerse”.
Imagen de la tomografía sónica del palo’e mango proyectada en la tablet, donde se observa el “corte” interno del tronco que servirá de base para el diagnóstico que se presentará en el Noveno Foro del Árbol. Foto: Said Armenta.
Según el análisis del equipo, el problema de fondo no es la edad del árbol, sino las intervenciones humanas mal hechas. “Lo que hemos encontrado en muchas ciudades es que los riesgos se agravan por las actividades que le hacemos al árbol: cortes antitécnicos, heridas sin sellar, rellenos con cemento, cambios bruscos del suelo”, señalaron.
Un ejemplo está a simple vista en el tronco del palo’e mango. “Aquí le hicieron un corte que no es técnico. Debería ser un poco más inclinado para que el agua escurra y no se quede acumulada. Si el corte es plano y no se sella bien, el agua se queda aquí, se filtra y empieza a pudrir la madera desde ese punto”, señaló el ingeniero agrícola, mientras señalaba las podas y heridas mal hechas en el árbol.
Un anciano vigoroso que necesita agua y nutrientes
Pese a los años y a las cicatrices visibles, el balance general del equipo es alentador. “Por su longevidad, este árbol es un viejito, pero está bien”, resumió el ingeniero agrícola. “Lo que necesita es que mejoren sus condiciones: este piso está demasiado duro, hay poco suelo disponible, y hace falta aportar nutrientes y agua. Así como a nosotros nos dan un suplemento cuando envejecemos, a este árbol habría que darle su ‘Ensure’ en forma de riego y abonado”.
Las mediciones también confirmaron algo que los historiadores y vecinos sospechaban: se trata de un individuo extremadamente longevo. “Sabemos por fuentes históricas que el árbol fue sembrado en 1937, pero por el diámetro y las referencias de habitantes antiguos es probable que supere los 100 años”, comentó Jairo Rosero, mientras un vallenato curioso en la Plaza Alfonso López afirmaba a un lado: “Tiene más de 200 años, este palo está aquí desde que todo esto era monte”.
Este tipo de discrepancias, explican los especialistas, es precisamente lo que hace valioso combinar memoria oral, archivo histórico y mediciones técnicas.
Lecciones para el arbolado urbano
Más allá del caso puntual del palo’e mango, el ejercicio deja varias lecciones para la gestión del arbolado urbano. “En Colombia conocemos relativamente bien las enfermedades de los cultivos comerciales, como el mango de finca, porque hay paquetes tecnológicos y protocolos claros”, comentó la profesional. “Pero en árboles urbanos nativos, como samanes o guácimos, todavía hay muchas falencias: identificamos las enfermedades, pero no siempre existe un paquete de tratamiento específico y se terminan usando productos genéricos”.
El equipo de Rosero ha acumulado miles de datos de velocidad de ondas en distintas especies de árboles de Cali, donde identificaron unas 480 especies en el censo arbóreo. “Hemos visto patrones: por ejemplo, los samanes suelen tener velocidades entre 1.100 y 2.500; las ceibas, entre 800 y 1.000. Eso demuestra que la densidad de la madera sí cambia según la especie y que hace falta más investigación científica sobre estos temas”, añadió el experto Jairo Rosero.
El resultado completo se conocerá en el Noveno Foro del Árbol
Aunque el primer mensaje entregado en la plaza fue tranquilizador —el palo’e mango mantiene una estructura estable pero requiere mejores cuidados—, el análisis detallado de la tomografía, junto con otras mediciones y recomendaciones de manejo, se presentará de manera completa en el Noveno Foro del Árbol.
Este encuentro, organizado por Foros EL PILÓN y patrocinado por Drummond LTD, Corpocesar, Afinia y Valledupar Ciudad Verde, se realizará este martes 17 de marzo, a las 9 a. m., en el salón Yui del Hotel Sicarare, en Valledupar. Allí, el ingeniero Jairo Rosero y su equipo explicarán con mayor profundidad los resultados de la tomografía sónica, mostrarán las imágenes técnicas del tronco y plantearán recomendaciones concretas para garantizar que este árbol siga siendo, por muchos años más, sombra, memoria y símbolo de la identidad vallenata.







