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El aventurero

Los Cuentos de Pepe – 100 Años.

Hombre en un camión.

Hombre en un camión.

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En 1950, el alboroto de los provincianos era con la ciudad de Maracaibo. Allí viajamos la mayoría a vender novillos, vacas, cerdos, ovejas, gallinas, morrocoyos, queso y aguacates. Alcancé a viajar con Sebastián Martínez y Wenceslao Monsalvo, transportando una camionada de diez bueyes arhuacos que, por lo mansos y quizás hasta por cansados, se les daba por echarse dentro de la mesa del camión y había que luchar con ellos para que se pararan torciéndoles el rabo, mientras ellos tranquilamente ensuciaban, llenándonos las manos de boñiga caliente. Lo peor fue la dormida en Sinamaica, donde tuvimos que colgar nuestros chinchorros al aire libre y logramos descansar hasta las once de la noche, cuando soplaba en la región una fuerte brisa; pero después de esa hora, al calmarse el viento, llegaron de visita millones de jejenes y zancudos que no solo nos atacaron a nosotros, sino que hasta los perros aullaban.

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Como a la una de la mañana, desesperado y sintiendo relativamente cerca a alguien que lloraba, me aproximé a ver qué pasaba; llegué hasta un velorio. Me acerqué con el fin de recibir alguna atención o para que me dieran un tinto y, asimismo, evitar los jejenes y zancudos. También lloré al muerto, difunto que resultó ser de apellido Montiel, familiar de los Montieles, apellido que se extendía hasta Manaure. Ese día luctuoso se hicieron mis amigos, aun cuando el mal olor de brazos y manos era de lo peor, pues estaban embadurnados con la boñiga de bueyes llenos de parásitos.

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