En el Valledupar de las décadas de 1930 y 1940 del siglo pasado, José Trinidad Guerra, conocido como «Chiche Guerra», era el gallo que más cantaba en el corral vallenato. Compartía amaneceres parranderos con Efraín Hernández, otro acordeonero a quien solo recuerdan algunos mayores y de quien, infortunadamente, no se ha podido rescatar ninguno de sus cantos, extraviados en la noche de los tiempos. Sin embargo, del gran Chiche Guerra hoy tenemos evidencias de su grandeza musical gracias a la buena memoria del recordado maestro del acordeón y compositor Víctor Camarillo.
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De su obra hemos rescatado el merengue «La peste mala», alusivo al flagelo del carate o jobero, una enfermedad que en esos años ocasionó una connotación social verdaderamente traumática por los efectos estéticos y físicos que producía en quienes la padecían. A continuación, parte de su letra:
Me dicen que en Valledupar
Se presentó una peste mala.
Se veía correr a la gente
Con las canillas forradas.
Esta peste no me cae a mí,
Yo me voy para la sierra a huir.
Esta peste no me va a matar,
De la sierra yo no vuelvo más.
Andariego y peregrino de trochas y caminos, Chiche Guerra se movilizó constantemente por toda La Guajira y el Magdalena Grande. Permanecía muy poco tiempo en Valledupar, razón por la cual no todos lo conocieron a fondo. Como muestra de su trasegar, esta es una estrofa de su paseo «Los indios de La Guajira»:
Se sonó que me habían matado
Los indios de Carraipía.
Chiche Guerra está parrandeando,
Él está vivo todavía.
En sus correrías por el Magdalena Grande, tuvo contacto en la población de El Algarrobo con Antonio Llerena, autor del conocido paseo «Isabel Martínez». Tiempo después, mientras Chiche galanteaba en Valledupar a una joven con este mismo nombre, incorporó a la letra el famoso estribillo: «Si te preguntan por la rutina, dile que son cosas de Chiche Guerra».
El maestro Camarillo comentaba que, por allá a comienzos de los años 1950, cuando Lola Bolaño organizaba cumbiambas en el barrio El Cerezo, a él le pagaban veinte pesos por tocar, mientras que a Chiche Guerra le pagaban treinta. Esto se debía a que Chiche era mucho más músico y arrastraba una mayor cantidad de gente al baile.
En el año 2015, entrevisté en Valledupar a Julio Guerra, acordeonero e hijo de Chiche Guerra, quien para ese momento contaba con 70 años de edad. Él me confirmó que su padre, José Trinidad, murió en Valledupar en el año 1955 a una edad aproximada de 55 años, lo cual nos indica que su nacimiento se produjo antes del año 1900.
En una exploración realizada por el doctor José Manuel Aponte Martínez sobre el árbol genealógico de José Juan Camilo Guerra, se demuestra que el nuevo Rey Vallenato pertenece a una familia de recia alcurnia musical en torno al acordeón. Su padre, Luis Camilo Guerra, fue un reconocido acordeonero y animador de colitas en el barrio San Joaquín; su abuelo, Luis Alberto Guerra, también acordeonero, fue hermano de Augusto Guerra, «Guerrita», el reconocido percusionista vallenato; y su bisabuelo, Camilo Guerra, acordeonero de renombre, fue hermano de Tomás Guerra, el padre de José Trinidad «Chiche» Guerra.
José Juan Camilo “Morocho” Guerra durante su magistral ejecución en rondas previas a la final. Foto: Said Armenta.
Esta línea directa nos muestra que José Juan Camilo Guerra tiene casta de acordeonero como herencia recibida de sus antecesores, a quienes hoy dignifica con su resonante título de rey del Festival de la Leyenda Vallenata.
La grandeza de Chiche Guerra quedó en evidencia y debidamente documentada cuando Carlos Huertas, en su obra clásica «El cantor de Fonseca», lo ubicó en el mismo podio de honor donde están Luis Pitre, Santander Martínez, Bolañito y Francisco el Hombre, tal como se observa en la siguiente estrofa:
Viví en un pueblo chiquito y bonito llamado Lagunita de la Sierra,
Del que conservo recuerdos queridos, emporio de acordeonistas y poetas.
Allá toqué con Julio Francisco, con Monche Brito y con Chiche Guerra,
Y conocí bien a Bienvenido, el que compuso a Berta Caldera.
¡Suerte a nuestro nuevo Rey Vallenato!
POR JULIO OÑATE MARTÍNEZ
Especial para EL PILÓN







