GENERAL

¿Es seguro subir el Cerro del Ecce Homo en Valledupar? Usuarios piden mejoras en señalización y acceso

El cerro Santo Ecce Homo se proyectó como símbolo de fe y turismo, pero un año después de su apertura al público los vacíos en seguridad, señalización y accesibilidad siguen pasando factura en accidentes y frustración ciudadana.

Cerro Santo Ecce Homo, símbolo de fe y deporte en Valledupar, donde el paisaje impresiona tanto como las deudas en seguridad, señalización y acceso para todos. Foto: Said Armenta.

Cerro Santo Ecce Homo, símbolo de fe y deporte en Valledupar, donde el paisaje impresiona tanto como las deudas en seguridad, señalización y acceso para todos. Foto: Said Armenta.

Por: Katlin

@el_pilon

canal de WhatsApp

Un año después de que un adolescente resultara gravemente herido al caer por un desnivel en el cerro Santo Ecce Homo, las promesas de un mirador seguro e incluyente contrastan con la realidad: adultos mayores como Donatella Flórez, devota de más de 80 años que viajó desde Barranquilla para conocer el lugar, no logran acceder por la falta de rutas amigables y apoyos, mientras deportistas que suben a diario alertan sobre la ausencia de señalización, plan de emergencias y control de riesgos en un recorrido que, aunque atractivo, sigue siendo una “trampa” para la fe y el turismo responsable.

En marzo de 2025, un adolescente de 14 años cayó a un abismo mientras descendía el cerro, en una caminata deportiva con amigos. Según los reportes médicos, sufrió un trauma craneoencefálico moderado a severo y tuvo que ser remitido a la Unidad de Cuidados Intensivos en una clínica de Valledupar, donde permaneció bajo pronóstico reservado. 

El caso encendió las alarmas sobre la falta de cerramientos y medidas visibles de protección en zonas de desnivel, justo en un escenario que la propia institucionalidad promovía para el deporte y el senderismo. Ya desde 2024, EL PILÓN venía advertiendo que la construcción representaba un alto riesgo de accidentalidad por carecer de cerramiento adecuado y condiciones de seguridad completas para el flujo de visitantes.

Un mirador “inclusivo” que no lo es para todos

En los boletines de la Gobernación del Cesar, el mirador se vende como una obra integral: senderos peatonales, escalinatas, capilla, cafetería, baños, enfermería, ascensor y plataformas de observación que prometen una experiencia amable para feligreses y turistas. Incluso se ha destacado la existencia de un mecanismo para personas con movilidad reducida, pensado justamente para que adultos mayores y ciudadanos con discapacidad puedan llegar hasta la parte alta. Pero la realidad sobre el terreno es otra para quienes no se mueven con la misma facilidad que los caminantes deportivos: rampas insuficientes o inexistentes desde la base, tramos con pendientes exigentes y ausencia de una ruta clara, señalizada y acompañada que efectivamente garantice el acceso universal.

Ahí se cruza la historia reciente de Donatella Flórez, una devota de más de 80 años que viajó desde Barranquilla a Valledupar para reencontrarse con el santo de su devoción, en la ciudad donde nació y a la que no regresaba desde hacía 13 años. Sus familiares relatan que, después de toda una vida de peregrinar al Ecce Homo en la plaza, ella soñaba con verlo en el nuevo cerro y agradecerle los favores recibidos. Sin embargo, las dificultades de movilidad propias de su edad, sumadas a la carencia de accesos amigables y apoyos visibles, terminaron levantando un muro invisible entre la fiel y la imagen que tantas veces la acompañó.

“Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que el camino no estaba pensado para alguien como mi mamá”, cuenta uno de sus hijos. “Ella venía ilusionada, pero al ver tantas escaleras, tramos empinados y la falta de ayudas, preferimos no arriesgarnos. Salimos con la sensación de que el lugar está abierto para unos, pero cerrado para personas como mi mamá”.

Devoción, deporte y un sendero lleno de vacíos

El encanto del cerro no se discute entre los aficionados a la actividad física. Desde antes de la inauguración oficial, el Ecce Homo es punto de encuentro para caminantes, corredores y ciclistas que madrugan a subir por salud, paisaje y espiritualidad. Pero ese uso masivo contrasta con la precariedad de los detalles básicos que debería tener un sendero catalogado como atractivo turístico y religioso del departamento.

Un lector deportista de EL PILÓN lo resume así: “Es un recorrido genial, sube bastante gente, sobre todo caminando, sin embargo, falta que se intervengan muchos detalles. Por ejemplo: señalización, cartografía, programa de atención de emergencias, servicio de guianza, comercios que atiendan las necesidades de hidratación y/o alimentación de los senderistas, intervención de peligros en el sendero. Hice el recorrido el lunes, porque me encanta la actividad física, y el plan de subir al cerro de las antenas me parece atractivo, pero hay varias oportunidades de mejora”. Su percepción encaja con las advertencias previas sobre falta de cerramientos y riesgo de caídas en zonas con desniveles pronunciados.

Una obra “modelo” con tareas pendientes

Mientras la Gobernación del Cesar insiste en presentar el mirador como una obra “modelo” que fortalece la fe, el turismo y el deporte, en la práctica el cerro acumula señales de alerta. A las denuncias por riesgo de accidentalidad se suman incidentes recientes, cierres temporales por emergencias ambientales en el relleno sanitario cercano y la evidencia de que el plan de manejo de riesgos y de atención de emergencias no está claramente apropiado por la ciudadanía.

Temas tratados
  • Cerro Santo Ecce Homo de Valledupar
  • Cesar
  • Santo Ecce Homo
  • Semana Santa 2026
  • valledupar

TE PUEDE INTERESAR