El jueves 4 de junio, en el segundo piso de la Casa de la Cultura, el antropólogo y excomisionado de la Comisión de la Verdad Alejandro Castillejo presentó el volumen “Cuando los pájaros no cantaban” en el conversatorio “Historias para entender a Colombia”, uno de los eventos sobre memoria histórica de Felva 2026.
Del 4 al 7 de junio, la cuarta Feria del Libro de Valledupar, organizada por EL PILÓN y la Alcaldía, convertirá el centro histórico en escenario de 73 eventos con 100 invitados, 28 de ellos provenientes de distintas regiones del país, en una programación que cruza memoria, Caribe, feminismos, salud mental y geopolítica y reafirma a la feria como espacio donde la literatura dialoga con las heridas abiertas del país.
Un libro que escucha la guerra de otra manera
Castillejo recordó que el volumen nace de una pregunta central: qué pasa si la guerra se escucha desde el punto de vista de los sobrevivientes y no solo desde las categorías jurídicas de la Comisión.
“Cuando uno le dice a la gente ‘reláteme desde su punto de vista, no desde el punto de vista del aparato de investigación’, las historias que comienzan a emerger son bastante distintas, porque ya no están centradas en documentar un evento particular, sino en otras cosas que también hacen parte de la experiencia de la guerra”, explicó.
“Es un gran gesto de escucha”
El excomisionado insistió en que el libro no está construido alrededor de escenas explícitas de violencia, sino de relatos que condensan cómo la guerra se filtró en lo cotidiano. “Lo que encontramos aquí no son relatos literales de violencias específicas, sino historias dentro de historias; yo lo describiría como un gran gesto de escucha de la guerra de una manera mucho más amplia”, señaló ante el público de Felva.
Aunque institucionalmente se le llama “volumen testimonial”, Castillejo reconoció que el libro puede leerse como un texto de memorias sobre la memoria de la guerra en Colombia, con implicaciones directas para departamentos como el Cesar. Explicó que el término “testimonio” se adoptó para evitar choques con otros centros de memoria, en un contexto en el que la Comisión estaba recibiendo ataques por distintos frentes, pero que el fondo del trabajo apunta a una memoria integrativa que interesa a las víctimas rurales y urbanas del Caribe y el nororiente del país.
Contra la estética de la motosierra
En uno de los momentos más contundentes del conversatorio, Castillejo cuestionó la obsesión del país con la violencia explícita. “Colombia no necesitaba más motosierras. Colombia es un país que todavía piensa en función de la motosierra y la violencia literal”, afirmó, al relatar su experiencia previa en audiencias de Justicia y Paz.
Por eso, insistió, este tomo del Informe Final se distancia deliberadamente de las estéticas del horror y se concentra en las “reverberaciones” que deja la guerra en la vida diaria de personas concretas.
El comisionado explicó que el proyecto se convirtió también en una “sonosfera”: el libro está acompañado de piezas sonoras grabadas en territorios como La Guajira, Maicao y el Caribe, que recogen la cotidianidad de comunidades golpeadas por la violencia.
A partir de esa apuesta, diseñó “lecturas rituales” en distintos lugares del país —desde Nabusimake y la maloca de Leticia hasta centros comerciales en Caquetá—, en las que se apagan las luces, se intercalan fragmentos del libro con sonidos del monte y se abre un espacio de conversación sobre el dolor del territorio.
Voces de víctimas y también de responsables
Castillejo recordó que el volumen reúne 262 historias seleccionadas a partir de 14.000 audios recogidos por la Comisión de la Verdad en todo el país. “Este es un libro donde las víctimas de la guerra constituyen cerca del 90% del texto, pero hay un porcentaje importante de trayectorias de personas que estuvieron en la guerra armadas, del Estado y no estatales”, dijo, al mencionar relatos de exintegrantes de las Farc, del ELN, del paramilitarismo y de miembros de la fuerza pública.
Para Castillejo, la pertinencia de “Cuando los pájaros no cantaban” en territorios como el Cesar está en su capacidad de enseñar a escuchar la guerra de otra forma, también a las nuevas generaciones. El investigador contó que acaba de salir una versión del libro para niños y niñas, con seis historias adaptadas, y aseguró que uno de los legados más importantes del trabajo de la Comisión de la Verdad es precisamente ese: “acercar a la gente a las historias de la guerra que no sean solo las historias de la violencia literal”.







