Diomedes Díaz siempre caminó por el borde del abismo. De hecho era señalado de tener las siete vidas del gato por los innumerables episodios que vivió, en los que allegados a él perdieron la vida o incluso él salió lastimado.
No obstante y más allá de esa suerte que parecía ser divina, hubo episodios que quedaron tatuados en su mente y de los cuales hablaba con frecuencia con sus familiares y amigos más cercanos.
Joaquín Guillén -inmortalizado por el saludo “como Joaquín Guillén siempre ahí, ahí”- fue, quizás, la persona que más conoció la intimidad del artista y quien lidió uno a uno los tropiezos y fracasos de Diomedes.






