A las 11 de la noche, después de un día entero de ansiedad y una página caída que no dejaba ver resultados, Mariana Liceth Tafur Lúquez encontró la recompensa a años de disciplina. Frente a una pantalla, junto a su madre, apareció el número que cambiaría su vida: 495 sobre 500.
“Fue un grito de alegría”, recuerda. “Yo sabía que había hecho un gran esfuerzo y sí me esperaba un buen resultado”.
Con apenas 17 años, egresada del colegio La Sagrada Familia de la capital del Cesar, no solo obtuvo el mejor puntaje del país en las Pruebas Saber 11 Calendario B 2026, sino que también alcanzó la excelencia perfecta en cuatro áreas: Lectura Crítica, Matemáticas, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. En Inglés logró 87 puntos, completando la calificación más alta registrada este año en Colombia.
Tres años de siembra
El resultado no fue casualidad. Mariana venía preparándose desde noveno grado, en un proceso constante que combinó exigencia académica, disciplina personal y acompañamiento institucional.
“Durante tres años mi colegio me estuvo preparando… pero la primera vez saqué 377 puntos. Ese puntaje no me alcanzaba para medicina”, cuenta. La frustración la llevó a llorar, pero encontró en su madre el impulso para intentarlo de nuevo: le recordó que cuando se desea algo con fuerza hay que perseguirlo, que ella tenía las capacidades para lograrlo y que podía repetir la prueba, sobre todo si su meta era ingresar a una universidad pública. No era un camino desconocido en casa: ambos padres de Mariana son egresados de la Universidad Popular del Cesar.
Lejos de rendirse, tomó una decisión que marcaría la diferencia: repetir la prueba. Entre enero y marzo se sumergió en una rutina intensa de estudio, apoyada por el preuniversitario Grupo 500 y su propio rigor.
“Estudiaba entre 10 y 12 horas diarias. A veces me quedaba hasta la madrugada y me levantaba temprano para seguir. Pero también entendí que el descanso es importante”, explica.
La estrategia también cuenta
Más allá del conocimiento, Mariana aprendió a dominar el examen.
“El ICFES no es memorizar, es entender. Puedes usar herramientas como la inteligencia artificial, pero para que te expliquen, no para que te den la respuesta”, aconseja.
Incluso, desarrolló tácticas para manejar los nervios durante la prueba: pausas breves, control de la respiración y concentración mental. “Los nervios van a aparecer, pero hay que saber controlarlos. La mentalidad es clave”.
Leer para abrir mundos
Si hay un hábito que Mariana destaca como determinante es la lectura. Desde los 12 años convirtió los libros en aliados. “Una persona que lee no vive un solo mundo, vive millones”, afirma.
Su biblioteca es diversa: desde literatura clásica hasta fantasía y romance. Entre sus lecturas recientes menciona obras de Shakespeare, reflejo de una curiosidad intelectual que va más allá de los exámenes.
Pero su vida no gira únicamente en torno a los libros. Mariana también encuentra equilibrio en la música —con gustos que van del pop al trap, pasando por bandas como Morat y artistas como Bad Bunny— y en el deporte, especialmente el voleibol, disciplina que practica en liga y que, durante su preparación para las pruebas, tuvo que pausar.
Hoy, tras alcanzar su meta, retoma estos espacios como parte fundamental de su bienestar. “El descanso también es importante”, dice, convencida de que el éxito académico no está reñido con disfrutar lo que le apasiona.
Raíces, familia y propósito
Mariana, perteneciente a la etnia kankuama y residente del barrio Los Caciques, reconoce que su entorno ha sido fundamental en su camino. “El apoyo de mi mamá, de mi familia, de mis amigos… este logro también es de ellos”, dice.
Su historia también está marcada por momentos difíciles, como problemas de salud durante su preparación. Sin embargo, esos obstáculos reforzaron su determinación.
“La vida siempre va a poner dificultades, pero si uno quiere algo, busca la manera”.
Medicina: vocación y futuro
Su meta está clara desde hace años: estudiar Medicina. Ya sería admitida en la Universidad Industrial de Santander (UIS), una de las más exigentes del país.
“La medicina nunca se termina de estudiar. Siempre hay algo nuevo que aprender y me gusta servir a las personas”, explica.
Actualmente, incluso antes de iniciar la carrera, ya adelanta cursos premédicos y lectura especializada.
Un ejemplo para el Cesar
El logro de Mariana fue reconocido a nivel institucional. La Gobernación del Cesar destacó su resultado con un mensaje que resume su historia: “¡Los sueños se cumplen con disciplina y determinación!”.
Además, recibió la distinción Andrés Bello, uno de los máximos reconocimientos académicos en Colombia.
Su caso se convierte hoy en un referente para miles de jóvenes del departamento.
“Si quieren algo, no se rindan. Si no entran por la puerta, entren por la ventana… pero busquen la manera”, concluye.
En una región que enfrenta múltiples retos en educación, Mariana Tafur demuestra que el talento, cuando se combina con disciplina y oportunidades, puede competir —y ganar— al más alto nivel del país.







