Siempre es un buen momento para honrar a esta dama que enaltece nuestra cultura y celebrar su existencia; nuestro Valle le abraza como parte de su historia más querida. Mujer fiel al vallenato tradicional, en cada paso Stella Durán ha sido firme en su amor por nuestra música, la ha defendido con dulzura y carácter, la ha sostenido cuando otros la dejaban atrás. Su voz ha sido puente, memoria y refugio.
Celebrarla es reconocer que gracias a ella nuestra tradición sigue viva. Su voz es herencia cultural que escuchamos con el corazón contento en una calle antigua de Valledupar, a pocas cuadras de la plaza Alfonso López, en ese rinconcito que susurra al oído los secretos de nuestro folclor: en Guacaó. En este mágico lugar se siente la presencia de Stella Durán Escalona, guardiana viva de este legado. Fue la primera mujer en subirse a la tarima Francisco el Hombre en 1971, interpretando la canción inédita ‘Lamento arhuaco’, en honor a nuestros hermanos indígenas.
A sus 76 años conserva una voz clarita, romántica y pura, que no envejece jamás. Ella quiere ser recordada como una mujer que amó hasta el último latido la música vallenata tradicional; ese vallenato que nace del corazón y seduce sin pedir permiso. Cuando Stella canta, sus caderas engalanadas se enseñorean al ritmo de la brisa, su baile tiene la mística de una dama enamorada. Esta mujer que se ha entregado sin límites a nuestro canto ancestral, que encontró en él sabiduría y camino, anhela que su voz siga viva en la memoria de quienes honran nuestro folclor, porque allí —en cada nota sincera— ella seguirá existiendo.






