En una camita de lienzo blanco nació un niño en el municipio de Robles, La Paz (departamento del Magdalena), un 16 de junio de 1942, a quien su padre llamaría Miguel, para perpetuar el nombre de su primer antepasado venido de la Judea a Coro (Venezuela), y a quien su madre, mujer profundamente cristiana, llamaría Francisco en honor a San Francisco, patrón de su patria chica.
Su madre oyó sus primeros bajidos, pero no pudo recoger el polvo de sus huesos después de su muerte, la madrugada del 16 de octubre de 1966 (el mismo año en que cayó el padre Camilo Torres). Fue difícil reconocer su cadáver que quedó pulverizado por una ráfaga de metralla del Ejército Nacional.
Desciende ‘Miguelito’, como lo llamábamos cariñosamente, de un tronco común de familias emparentadas: por el lado de su padre, Luis Pimienta Arregocés: fue nieto del patriarca Luis Carlos Pimienta Cotes Restrepo, notario y uno de los abogados más ilustres de la región en esa época; un gran político, casado con la matrona doña Josefa Arregocés (mamá Josefa) de ancestros riohachero; Bisnieto de Cilia Cotes Brit, y de Miguel Pimienta Restrepo, un gran abogado; tataranieto de Rafael Meriño, también abogado e hijo de Miguel Cotes, de descendencia judía y de Josefa María Merino.






