“El fin de semana más largo que recuerde”. Con esa frase, Jesús Barrios definió la jornada laboral de este martes 19 de agosto, día en el que la ciudad no tuvo energía por más de 12 horas. Desde hace varios años, Barrios, un migrante venezolano, trabaja en una barbería ubicada en el barrio Primero de Mayo de Valledupar.
Luego de sábado, domingo y lunes festivo, la falta de energía extendió el espíritu festivo al martes. O al menos ese era el ambiente en las calles. Inicialmente, los trabajos de mantenimiento de Transelca y Afinia estaban programados para el domingo 17 de agosto, sin embargo, ante eventos como la Feria Ganadera y Evafe, los aplazaron para un día hábil. Puntual, cortaron la energía en más de 50 barrios y a más de 100 grandes clientes a las cinco de la mañana.
Por eso, muchas calles, normalmente cargadas por el ruido de los parlantes y electrodomésticos, lucían apagadas. Solo resonaban los pitos de las motos y carros, y en algunos sectores el sonido de una planta de energía funcionando a base de gasolina. Ese sonido, quizás, fue uno de los que más se escuchó en Valledupar durante el martes.
La red semafórica se apagó. Sobre las ocho de la mañana llegaron los agentes de tránsito azules a regular la movilidad bajo el inclemente sol y la impaciencia de algunos conductores. Cuando hacían pausas, el desorden y la ley del más vivo ordenaban quién tenía el paso.
El valor de una terraza
Bastó un recorrido para confirmar que todos aquellos afortunados con terraza y un árbol frondoso, salieron a las puertas de sus casas para huirle al calor. Fue el caso de Karla*, estudiante de décimo grado. Desde las 9 de la mañana habilitó un escritorio con mesa y sillas rimax en la puerta de su casa. Aprovechó que no tuvo clase para ponerse al día. Unas pequeñas vacaciones de cuatro días.
Jesualdo Castro* también tuvo un largo descanso, pero obligado y con pérdidas. Tiene un pequeño negocio en el que arregla y hace mantenimiento a electrodomésticos como nevera, equipos de sonido, aires acondicionados, estufas eléctricas. Estuvo toda la mañana recostado en un taburete en la puerta de su negocio esperando que llegaran clientes para recibirles el electrodoméstico, pero que empezaba a arreglarlo al otro día.
Abrió el martes esperando que la energía volviera antes de tiempo. “Yo descanso domingo y festivos, ya son dos días sin trabajar. Vine hoy (martes) y no hay energía. Estamos varados. Cómo hago si todas mis herramientas necesitan energía”, comentó Jesualdo. Tres días sin trabajar para un emprendedor son tres días sin ingresos.
“Si botan agua ya se están dañando”
Pero los más afectados fueron los empresarios que venden carnes frías. Los que se enteraron que no habría energía el martes congelaron todos los productos que pudieran la noche del lunes. Pero al mediodía empezaron a sufrir.
“Apenas empiecen a botar agua (descongelarse) ya se siente un sabor diferente, sobre todo el queso, las salchichas, las carnes”, comentó un comerciante bajo reserva. Los pescados importados sufrieron menos el descongelamiento porque sus empaques les permiten estar climatizados más tiempo.
Pasadas las cinco de la tarde, explicó un comerciante a EL PILÓN, empezaron a hacer un balance de pérdidas: qué proteínas se debían botar y cuáles podían recuperarse.
Los peluqueros también sufrieron el día, pero no tanto. César Ramos tiene una barbería. Igual que Jesús Barrios. Ambos operaron con relativa normalidad porque tienen máquinas que funcionan con baterías. “Alcanzan hasta para 18 cortes”, cuenta César, quien decidió sacar sillas y espejos a la terraza de su local para que el calor no los golpeara.
Durante el día, pocos clientes llegaron. Quizás, pensando que por la falta de energía, no operarían. Pasadas las cinco de la tarde llegó la energía y llegaron los clientes. Por supuesto, día con menores ingresos de lo normal.
Los nombres con * fueron cambiados por petición de las personas.






