Era un ritual que entusiasmaba porque entrañaba una muestra cultural espontánea que resaltaba manifestaciones prevalentes en la entonces ‘provincia’. Podía sonar el acordeón de Colacho Mendoza, de Florentino Montero o de Alberto Pacheco, en simultánea con la colgada de una nueva caricatura de Jaime Molina.
En otras de las mesas uno de los tribunos de entonces resaltaba las bondades del respeto de lo público, del bien común, sin que faltara la entrada de Paquito Monsalvo Castilla y sus pares, ofreciéndole a la clientela del Café La Bolsa, en plena calle del Cesar con la calle grande.
La variada gama gastronómica proveniente del horno histórico de la matrona Eli Villero, en la tradicional avenida Pepe Castro, ‘arepita’ e’ queque, merengue, chiricana y dulce, mientras personajes populares como Nano’ E’ La cruz, Minga, Diego ‘te coge Pío’, Chorrobalin y el prodigioso ‘Dañao’ Vergara, merodeaban por la zona, en un vaivén dancístico itinerante, sin interrumpir la promoción de los mejores bocachicos por parte del cañaguatero Enrique Arias, a lo largo de la extendida carrera novena.






