El analfabetismo en el Cesar alcanzó una tasa del 11 % en 2025, según el reciente Índice de Pobreza Multidimensional del DANE. La cifra se traduce en cerca de 154.000 ciudadanos que no saben leer ni escribir, apartándolos del mercado laboral formal y la educación básica.
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El dato marca un retroceso frente a 2024, cuando el indicador bajó al 9,1 %. La brecha es más amplia en el campo. Mientras en las cabeceras municipales afectó al 8,3 % de la población, en las zonas rurales dispersas la cifra se disparó al 19,8 %. Es decir, dos de cada diez habitantes de la ruralidad cesarense viven en esta condición.
Pero el problema es estructural y atraviesa todo el sistema de formación. El reporte del DANE revela que el bajo logro educativo impacta al 39,9 % del departamento, una falla que se agudiza fuertemente en el campo, donde alcanza al 63,7 % de la población. A este panorama se le suma un rezago escolar general del 25,4 %, evidenciando las serias dificultades del territorio para mantener a los niños y jóvenes en las aulas.
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Este cúmulo de deficiencias educativas tiene una consecuencia directa en la economía local: empuja a miles de familias al rebusque. Sin las herramientas académicas necesarias, el acceso a empleos estables queda bloqueado. Esto explica por qué el trabajo informal en el Cesar se ubicó en un 83,3 % para 2025, con picos del 90,7 % en el sector rural, consolidando un ciclo de pobreza que limita cualquier posibilidad de desarrollo en la región.







