Llegó la hora. Colombia vive un momento histórico para su democracia: el domingo 31 de mayo será la esperada elección presidencial y el panorama ya se decantó. El nuevo presidente de Colombia estará entre dos candidatos: Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella. Según estiman las dos últimas encuestas de la última semana, AtlasIntel y el Centro Nacional de Consultoría, ambos aspirantes están en un empate técnico de infarto alrededor del 35 %; les sigue Paloma Valencia, quien está muy relegada con cifras del 12 %.
Una de las primeras reflexiones es que ningún candidato logrará ganar en primera vuelta, por más optimistas que estén las campañas. El país está muy polarizado y prácticamente dividido en dos; el centro fue absorbido por las dos tendencias extremas y lo que se viene es una lucha titánica para definir dos modelos de país desde diferentes ópticas ideológicas.
Cepeda representa el continuismo del gobierno Petro, con riesgos claros como una constituyente que cambiaría el orden constitucional y que no se sabe dónde pueda terminar. También representa la continuidad de la “Paz total”, que fue un completo fracaso porque no desmovilizó ni un solo combatiente y, más bien, les dio licencias a los violentos para que tengan acorralada a la sociedad en territorios estratégicos del país. Cepeda está de líder por una luz, pero estancado: tiene pocas variantes, le sigue hablando a su mismo público y su vicepresidenta no representa un apoyo importante. Además, despreció los debates y muchas entrevistas, lo que hoy claramente lo tiene en una tendencia preocupante.
Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Mientras tanto, Abelardo de la Espriella tiene una tendencia favorable porque ha logrado capturar más gente de centro y le ha quitado muchos votantes a Paloma Valencia. Su campaña es mucho más organizada y ha logrado despertar emoción en el electorado para convertirse en un fenómeno electoral, ya que por primera vez se lanza a la contienda sin ser un político y sin los partidos tradicionales. Va caminando solo con un discurso antiestablecimiento, e incluso contra el uribismo que se le fue en contra, liderado por Tomás y Jerónimo Uribe; estos, como niños malcriados que nunca han recorrido un barrio o visitado una vereda, se niegan a aceptar que alguien se atreva a postularse sin la bendición de su papá.
Además, Abelardo logró algo muy importante: conectar su propuesta de seguridad con la gente más afectada. Hoy Colombia está tomada por las bandas criminales en todo el territorio, tanto rural como urbano; es urgente que este tema se aborde de frente y la gente ve en Abelardo al hombre que puede recuperar el país, así tenga inconvenientes para gestionar sus emociones cuando se le confronta (en especial desde la prensa y con algunos periodistas con quienes tiene un pulso bastante fuerte). Otro factor que preocupa son las eventuales garantías a la oposición en un gobierno suyo; sin embargo, una cosa será Abelardo candidato y otra Abelardo presidente: tendrá que moderarse para que el país no se le incendie.
La contienda se emparejó y me atrevo a vaticinar que Cepeda puede estar por el orden de los 9 millones de votos, mientras Abelardo puede llegar a los 8 millones y, en tercer lugar, Paloma Valencia podría rondar con dificultad los 3 millones. Esto dejará la contienda abierta para la segunda vuelta, donde incidirán muchos factores: alianzas, debates, presión del gobierno, dinero y la presión de grupos criminales para decidir quién será el nuevo presidente.
Lo que sí queda claro es que, si Iván Cepeda no logra sacar una gran ventaja en primera vuelta, sucederá como en Chile debido al factor de la alianza de la derecha: aunque se hayan golpeado fuerte con Paloma Valencia y el uribismo, seguro se reagruparán para atajar a su archienemigo Iván Cepeda. Abelardo hoy ya está consolidado y muy cerca de lograr su objetivo, que es llegar a la Presidencia para iniciar una nueva era en la derecha, ya sin Álvaro Uribe como protagonista y más renovada, del corte de Milei, Bukele y Trump, y con el objetivo de resolver problemas urgentes que deja el gobierno de Petro, especialmente recuperar el sistema de salud.
Por JACOBO SOLANO CERCHIARO







