Las regiones también construyen país desde sus liderazgos silenciosos, desde las aulas, los tribunales, las oficinas públicas y las conversaciones donde se forman generaciones alrededor de ideas, principios y responsabilidades colectivas.
Hablar hoy del doctor Jaime Calderón Brugés es hablar de una vida dedicada al servicio público, a la institucionalidad y a la formación de ciudadanos desde el derecho y la educación. Su trayectoria atravesó distintos escenarios de la vida nacional: la rama judicial, la administración pública, la organización electoral del país y la academia. Pero más allá de los cargos que ocupó, permanece el significado de la manera en que entendió el ejercicio de lo público y la responsabilidad de servir desde el conocimiento y la ética.
Perteneció a una generación de dirigentes para quienes las instituciones representaban un compromiso profundo con el Estado y con la construcción democrática. Desde sus primeros años en la rama judicial se desempeñó como juez penal municipal y juez civil municipal de Valledupar, además de conjuez del Tribunal Contencioso Administrativo, iniciando así una trayectoria marcada por el rigor jurídico y el respeto por las instituciones.
Con la creación del departamento del Cesar asumió responsabilidades fundamentales en la consolidación administrativa de la región. Fue secretario de Gobierno, gobernador encargado y, posteriormente, alcalde de Valledupar. Desde estos escenarios impulsó iniciativas relacionadas con el fortalecimiento institucional, la educación y el desarrollo social, entendiendo que el crecimiento de una región también depende de la construcción de oportunidades para sus ciudadanos.
Su gestión pública dejó importantes aportes en distintas regiones del país. Desde el Instituto Colombiano de Construcciones Escolares (ICCE), como gerente general, lideró proyectos de infraestructura educativa y participó en obras como la reconstrucción de Popayán tras el terremoto, la recuperación del Colegio Loperena, la construcción del Colegio Carlota Uhía de Baute y distintos proyectos educativos y sociales en el Cesar, dejando una huella significativa en múltiples comunidades.
En el ámbito político tuvo una destacada participación dentro del Partido Conservador Colombiano, organización en la que ejerció como secretario general y desde donde promovió principios relacionados con la institucionalidad, la democracia y el fortalecimiento del Estado. Hizo parte de una generación política que entendía el debate público desde las ideas y el servicio. Fue además miembro de la Comisión Especial Legislativa encargada de desarrollar normativamente la Constitución Política de 1991, uno de los procesos más relevantes de la historia reciente del país y el escenario en el que actuó como ponente de importantes iniciativas de gran relevancia para el país, avaladas por el entonces denominado “Congresito”. Su visión política y jurídica le permitió convertirse también en un puente entre el centro del país y la región Caribe, representando desde distintos escenarios nacionales las necesidades, dinámicas y realidades de esta región ante las altas instancias del Estado colombiano.
Su trayectoria nacional incluyó responsabilidades como vicepresidente nacional del Banco Ganadero, presidente de Almagrario, magistrado del Consejo Nacional Electoral y Registrador Nacional del Estado Civil entre 1998 y 2003, cargo desde el cual contribuyó al fortalecimiento de la organización electoral colombiana y de la institucionalidad democrática.
Asimismo, tuvo aportes muy significativos en la docencia. Jaime Calderón Brugés comprendió la enseñanza no únicamente como transmisión de conocimiento, sino como un ejercicio de responsabilidad ética frente a quienes comienzan su vida profesional. Fue docente de instituciones como la Universidad del Rosario, la ESAP, la Universidad Sergio Arboleda, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el Seminario Juan Pablo II de Valledupar y la Fundación Universitaria del Área Andina, donde hizo parte de los docentes fundadores del Programa de Derecho en Valledupar.
Quienes compartieron con él destacan su capacidad de análisis sobre la realidad nacional, su profundo amor por Valledupar y el Cesar, así como la firmeza de sus principios éticos y morales. En el plano personal, construyó junto a su esposa, doña Leonor Cuello, una familia que fue parte esencial de su vida y de sus convicciones humanas, integrada por sus hijos Juan Manuel, Claudia Leonor y Jaime Eduardo.
En tiempos donde la conversación pública suele centrarse en lo inmediato, detenerse a revisar trayectorias como la suya permite reflexionar sobre el papel que cumplen la ética, la formación humanista y el servicio público en la construcción de sociedad.
Los homenajes no solo recuerdan a personas; también permiten reconocer ideas y valores que siguen teniendo vigencia. En este caso, la defensa de las instituciones, el respeto por el derecho, la importancia de la educación y la necesidad de formar profesionales comprometidos con lo público.
Por ello, el homenaje póstumo que realizaremos desde Areandina no busca únicamente recordar una trayectoria individual. Busca también abrir una conversación sobre el legado que dejan quienes entienden el conocimiento y el servicio como una responsabilidad con el país y con las generaciones futuras.
Por: Gelca Gutiérrez Barranco
Rectora Areandina sede Valledupar






