Esta contienda fue la antesala más cercana a los avatares de la política y la demostración irrefutable de que aquello que hoy consideramos una gran innovación ya existía, aunque bajo otra denominación. Lo que cambia es la perspectiva, la reingeniería y el marketing político con que ahora se presenta.
Aquí sí había adrenalina: había voladores, había show y había trompa política. No existían redes sociales, pero la “radio bemba” corría más rápido que cualquier algoritmo moderno. La noticia cruzaba esquinas, viajaba por teléfono hasta el exterior y en cada tienda alguien susurraba con picardía: “Te tengo la última…”. Fue un episodio anecdótico, casi de corte macondiano, donde la realidad superó a la ficción.
Tanto así que hasta canción salió: “Año y medio gobiernas tú… y año y medio gobierno yo…”. Esta frase retrataba el ambiente de tensión y expectativa que se respiraba en el pueblo, mientras en los corrillos de la Alcaldía se escuchaba: “El que viene para el cargo tuyo es no sé quién…”, o “Ese fallo lo arreglaron en Bogotá porque en Valledupar no avanzaba…”.
La puja del 2000: voto a voto. En el año 2000, la disputa por la Alcaldía de Curumaní quedó marcada en la memoria colectiva. Efrén Moreno Cárcamo se posesionó inicialmente como alcalde tras obtener 4.181 votos frente a los 4.056 de su contendiente, Henry Chacón Amaya. Una diferencia mínima que parecía definitiva, pero no lo fue. La elección fue impugnada por irregularidades en la mesa 18 y el fallo del Consejo de Estado terminó favoreciendo a Chacón Amaya, quien finalmente fue proclamado alcalde. Como registró el diario El Tiempo, el resultado dio un giro inesperado que convirtió aquella elección en una de las más reñidas y comentadas del departamento del Cesar.
Alianzas, giros y paradojas. Lo más paradójico fue que el movimiento político creado por Cristian Moreno Pallares respaldó al candidato contrario a Efrén Moreno, es decir, a Henry Chacón Amaya. Allí comenzaba a dibujarse con claridad la expresión que hoy es tendencia: “la política es dinámica”. En la elección anterior, Chacón había sido gerente de campaña de Efrén Moreno, una contienda que este último perdió frente al carismático cura Jorge Escorcia, hoy vicario episcopal en Perú.
La gente quizá no recordaba el plan de gobierno, pero sí las puyas que lanzaba cada candidato en tarima. Efrén, en una intervención en el barrio 20 de Julio, expresó: “Después del 31 de octubre, el cura que vaya a decir su misa a otra parte…”, una apreciación que cortó el aire y corrió como pólvora. Y no era para menos: era el candidato del tercer grupo político con más poder en el departamento, la cuna del mirismo (después del golpe de los Gnecco y de Alas de los Araújo). Ante lo que consideraron una afrenta, un seguidor apasionado y enardecido del cura susurró: “A todo el MIR lo fuetea el cura con la camándula”.
Esta afirmación pareció escribirse con tinta indeleble, porque el cura ganó por encima de todo pronóstico, borrando las caminatas y concentraciones masivas de Moreno. Tiempo después, el propio Jorge Escorcia terminaría apoyando a Efrén Moreno. La política local era un tablero de ajedrez donde cada jugada tenía memoria y cada movimiento dejaba huella.
Barrios y territorios decisivos. En esta puja electoral, sectores como Países Bajos, San Roque, Santa Isabel, San Sebastián y el casco urbano fueron determinantes. En ese tiempo, las elecciones se concentraban prácticamente en un solo punto de la cabecera urbana, y si no estabas atento para recibir al votante en la carretera, cuando este llegaba al único puesto de votación del Camilo, ya había cambiado de opinión.
Así de volátil era el ambiente y así de intensa era la contienda. Curumaní vivió una elección donde no solo se disputaban votos, sino orgullo, estrategia y liderazgo. Fue la ruta de figuras que serían determinantes en la política del departamento del Cesar; una batalla democrática que dejó lecciones, anécdotas y una historia que aún hoy se cuenta con pasión en cada esquina del pueblo, donde los jóvenes se asombran y toman bríos al escuchar a algún pariente comentar su aporte fundamental de un lado o del otro.
Porque aquí, señores, la política no era fría estadística: era emoción pura. Al fin y al cabo, cuando se pierde el poder, la línea sucesoria cambia.
Por: Eistin Arce






