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EDITORIAL
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Sembradío de democracia
11/10/2008
Conmueve profundamente el proselitismo que adelantan por la ciudad, y ha de inferirse que por todo el país, los niños y jóvenes en el marco de los alcaldes y concejales infantiles y consejeros juveniles.
En las salas de redacciones de los medios de comunicaciones, en las aulas de clases y en otros escenarios permitidos, pueden observarse una pléyade de párvulos exhibiendo sus nombres y programas de gobierno con los cuales piensan salir avantes en sus aspiraciones a tales cargos honoríficos.
No sólo enternece la inocencia de los niños y jóvenes en franco proselitismo, sino muchas veces la claridad política y conceptual esgrimida, con propuestas precisas para dignificar la condición de esa población estudiantil y la familia misma, pues entienden que el ambiente del niño se extiende entre su centro educativo y su hogar, e inclusive el entorno de ciudad donde vive.
Lo importante para connotar es el sembradío de democracia que se hace desde la propia institucionalidad. Bien temprano se le enseña al niño qué es democracia, su importancia, y más esencial aún, se le enseña cómo se practica, cómo y para qué se ejerce, es decir, a los niños se les convierte en sujetos activos de política sin necesidad de esperar su mayoría de edad para su familiarización con la democracia.
Desde luego, el marco general se encuentra en la propia constitución de 1991 al consagrar la democracia participativa en vez de la representativa que imperó por más de un siglo.
Se privilegia la participación ciudadana desde diversos roles y dimensiones, pero para hacer efectiva ese tipo de democracia era y sigue siendo indispensable educar a los futuros ciudadanos, esto es, a los niños de hoy, so pena de proseguir el tortuoso escenario de contraer la democracia a cuestión meramente formal.
Así, pues, el presente no es el primer ejercicio de esa naturaleza hecho en el país. Ya antes se han dado algunas versiones, inclusive de congresos juveniles cuyas ejecutorias han sido medianamente difundidas. Esta es una nueva versión, más madura y quizás por ello se perciben unos adelantos increíbles.
El entusiasmo y la preparación de muchos de los aspirantes es encomiable, al igual que el nivel de participación; para la sola alcaldía infantil de Valledupar aspiran casi una veintena de candidatos, y para las otras instancias colegiadas – concejo infantil y consejeros juveniles – deben ser centenares los aspirantes.
Se va bien, sin duda, lo cual debe reconocerse y aplaudirse. Pero como siempre, falta mucho más en procura de la mayor efectividad de la participación democrática, pues el ejercicio no puede contraerse o limitarse al proselitismo y el acto de elección.
Ha de ir más allá, enseñándosele a los elegidos a cumplir lo prometido en campaña, pues la democracia, además de parla y discursos es sobre todo realización y cumplimiento de lo prometido para traducirlo en obras de bienestar colectivo.
En ese sentido, debe brindársele a los elegidos, por parte de las autoridades civiles y escolares, todos los elementos necesarios y logísticos para facilitar la labor en vez de desestimularlos bien temprano al percatarse de las dificultades insuperables.
Además, la enseñanza en participación democrática debe comprender la de permanente vigilia de los estudiantes electores para presionar el cumplimiento del programa prometido, so pena de revocar el mandato.
La enseñanza ha de ser integral, por supuesto, y efectiva. Se enseñan los derechos pero también los deberes que les son connaturales. Educados los niños así, bien tempranitos, seguramente la democracia colombiana dejará de ser fachada para convertirse en sustancia.
EDITORIAL