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EDITORIAL
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La firmeza de la reelección
03/07/2008
En medio de la barahúnda por el espectacular rescate de los quince secuestrados arrebatados a las FARC ha pasado desapercibida otra trascendental decisión de la Corte Constitucional.
En fallo reciente, la Corte Constitucional evacuó el pedimento de la Corte Suprema de Justicia para que, de estimarlo pertinente, revisara el fallo de constitucionalidad proferido sobre la enmienda que autorizaba la reelección presidencial.
Se ha negado la Corte Constitucional, en decisión no ampliamente difundida, a revisar la sentencia respectiva con el argumento válido y convincente de la firmeza jurídica, adquirida al término del año del proferimiento de la sentencia.
Este ‘sencillo’ y diligente pronunciamiento reviste sin duda una gran trascendencia jurídico-política, pues pone las cosas nuevamente al derecho luego de ser revolcadas por el pedimento de la CSJ y la reacción presidencial de apelar al referéndum para ‘legitimar’ un procedimiento supuestamente ilegal.
El país estaba patas arriba. El caos se veía venir. La desinstitucionalidad era evidente con ese choque de colosos entre la CSJ y el Presidente de la República. Por fortuna, y como no hay aguacero que no escampe, muy rápido las aguas turbias comienzan a aclararse y encausarse.
Mucho contribuyó a ello la respuesta de la Corte Suprema de Justicia a la reacción virulenta de Uribe Vélez: fue una respuesta mesurada, no camorrista. Luego, la decisión de la Corte Constitucional eliminó muchos vestigios… y por último la mano de Dios encarnada en la inteligencia de las Fuerzas Armadas: con el golpe certero del rescate se catapultó aún más la figura presidencial, eliminándose ahí si del todo cualquier conato de tambalear al presidente.
No le pudo suceder nada mejor al país. No se hace referencia a la liberación de los secuestrados, por supuesto aplaudida y abrazada por colombianos y el mundo entero, no escatimando nadie elogios para la perfección de la operación.
Se alude en concreto a la recuperación de la sindéresis y majestad de las ramas del poder público, en mala hora enzarzadas a dentelladas para complotar la una contra la otra.
A más de los múltiples y graves problemas padecidos por el país, inclusive en el campo internacional, se le sumaba ahora el exótico pero deleznable enfrentamiento y polarización entre los máximos dirigentes de los poderes públicos, los llamados justamente a educar con el ejemplo y a ser paradigmas de la ciudadanía.
En buena hora, pues, se ha desmontado el tinglado, incluida la propuesta del referéndum, que hubiese descuadernado todavía más al país llevándolo de manera peligrosa a instituir una dictadura popular tan peligrosa como la dictadura judicial.
Ahí la importancia de los contrapesos, que sólo así puede hablarse de democracia. En ese marco puede explicarse la voz sonante de toda la dirigencia nacional enfática en llamar al orden y a la sensatez tanto al presidente de la República como a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
El momento es crucial, sin duda, y Colombia no puede dilapidarlo. Ahora más que nunca se hace necesario sabiduría para enfrentar con relativo éxito a los enemigos comunes de los colombianos, que no son precisamente los que piensan diferentes, la derecha y la izquierda, sino los que obran y actúan por fuera de las instituciones legales, tratando de suplirlas por la razón de la fuerza.
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