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Valledupar,
Rodrigo López Barros
Rodrigo López Barros
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Ansiedad. Duda. Vocablo que se usa para designar el proceso Lógico, que no tiene solución. Son celebres las del filósofo griego Zenón de Elea, verbigracia: Aquiles no puede alcanzar a la tortuga, al final de su recorrido. Fijarse bien: Se trata de un proceso, repito, lógico.

Al aplicarse la noción, por decir algo, a la administración pública de los entes territoriales, obtendremos que la solución de las necesidades de la comunidad administrada (los que pagan impuestos y los que no los pagan), no podrán ser satisfechas, si sus administradores (los gobernantes) por más que corran (y sabemos que no corren mucho), generalmente no son capaces de lograr las metas que les ofrecieron a sus electores cuando propusieron sus nombres para ser elegidos.

Algunos creyeron de buena fe que podrían alcanzar la tortuga, pero otros, a sabiendas, simplemente quisieron ser elegidos para figurar.

Sin embargo, un proceso tal (piénsese en los gobiernos anteriores al del presidente actual, y si se quiere ser más especifico aún, por contraste, téngase en mente el del presidente Pastrana), puede ser y de hecho ha sido revertido, con contundente firmeza, por el Presidente Uribe, que sí ha logrado resolver con bastante eficacia, problemas fundamentales de la convivencia nacional; así, obsérvese y agradézcase la recuperación del orden público, básico a la convivencia ciudadana y al trabajo productivo.

¿Podrá predicarse lo mismo de los administradores locales, respecto de los deberes que les atañen directamente? No. No, según las respuestas que uno escucha de muchísimas personas. Las gentes no están satisfechas con lo que esos administradores han mostrado hasta el momento, pudiéndose añadir que en el caso de la ciudad de Valledupar el mal se ha vuelto endémico desde los gobiernos anteriores al presente.

Acerca de la administración departamental, los gobernados queremos ver objetivamente realizaciones (por lo menos proyectos verificables) en los campos de la salud, educación, y obras públicas, concretamente en vías de comunicación terrestre, es decir, sobre las carreteras que le competen directamente, y en las otras en que debe mancomunarse con el gobierno nacional. Las gentes necesitan transportarse con facilidad y buen suceso hacía todas las poblaciones del departamento.

En cuanto a la administración municipal, tenemos que decir: hace poco, en este mismo diario, el doctor Alfonso Araujo Cotes trató el tema con el título “Los Delincuentes y Vándalos se Toman la Ciudad”. Lo hace con la autoridad que tiene de haber sido un excelente administrador público.

Sí, al paso del progreso indudable de la ciudad, también están haciendo su agosto la delincuencia desenfrenada, el trafago endemoniado de vehículos, especialmente el de motos, cuatrimotos y bicicletas, a las que pienso que no hay porqué retirarlas del transito normal, pues se han convertido para muchos en medio de transporte económico y de trabajo, para otros; pero cuya actividad sí requiere ser regulada por la autoridad a cuyo cargo la ley la encomienda.

Cuando he tenido necesidad yo mismo he utilizado el medio de transporte de mototaxi. Pero el servicio tiene que ser reglado en cuanto a la forma de su prestación, pues no es posible desplazarse sin correr enormes peligros cuando las “motos” (tanto si uno va motorizado o es peatón) se nos abalanzan por la derecha o por la izquierda, por abajo o por arriba, por delante o por detrás, con luces o sin luces (son como avispas), siempre imprevisiblemente, incluidas las contravías, a atrevidas velocidades, acompañadas de ruidos ensordecedores. Todo ello se puede evitar por medio de un reglamento, que contemple el espacio y lado autorizados por donde puedan transitar, la velocidad permitida, el ruido tolerado, etc.

Tal desorden actual no puede, no debe continuar como una “aporía” indescifrable, a menos que la autoridad renuncié a su deber legal, y así habrá de entenderse si no procede en consecuencia.

rodrigolopezbarros@hotmail.com

Rodrigo López Barros

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