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Leovedis Elías Martínez Durán
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“Marabá Salón”
28/06/2008
Otra de las preguntas que formulara el doctor Jaime García fue ésta:
¿Quién montó el primer bar con aire acondicionado?
Valentín Quintero montó, donde hoy está el Hotel Vajamar (lo escribimos con su grafía original, con V, y el ordenador, de manera tozuda, lo corrige y le pone la B), al lado de la sastrería REAR, una peluquería y un salón de belleza que llamó ‘Mary’, dotados con aire acondicionado integral y televisores, lo que era una novedad para la época, y para ello adquirió una planta eléctrica que funcionaba en el patio de la sastrería.
Para la época la luz eléctrica en Valledupar no sólo funcionaba por ratos, especialmente en horas de la noche, sino que era muy deficiente. Es de advertir que se trataba de dos negocios independientes.
Posteriormente don Valentín arrendó esos negocios a dos personas que trabajaban juntas: Héctor Garcés, hoy propietario del Hotel Eupari y Libar Blanco, hoy abogado litigante y ex contralor departamental.
Me cuenta el doctor Libar que el salón de belleza no les dio resultado debido a que tenían un estilista barranquillero llamado Danilo Fallaice, la vedette en Valledupar para la época y quien tuvo tanto éxito entre la clientela femenina que comenzó a trabajar por su cuenta, atendiendo a sus clientas a domicilio y haciendo competencia desleal al establecimiento de comercio, razón por la que decidieron cerrarlo al no encontrar en otras ciudades como Barranquilla y Cartagena estilistas y peinadores que quisieran venirse a Valledupar, que para la época era un villorrio aislado y conectado con otras ciudades por pésimas carreteras.
Para ir a Barranquilla, por ejemplo, se debía transitar por una carretera destapada de principio a fin, subir el Alto de las Minas, atajo montañoso en el que se ponían a prueba las cualidades de los conductores y señalado como una vía temible.
Superado el obstáculo montañoso, debía enfrentarse, después de pasar por las ‘siete vueltas del diablo’, en Santa Rosa, con la exasperante espera del ferri para atravesar el Río Magdalena. Nunca utilicé ese medio de transporte fluvial pero puedo imaginar el calor sofocante, el sol canicular y la lluvia de mosquitos que azotaban a los viajeros.
Eran viajes de más de doce horas en buses muy incómodos, con bancas duras, sin aire acondicionado, transitando por vías polvorientas y llenas de huecos. Ni qué decir si el viaje se emprendía en la época de invierno.
En el local donde funcionaba el salón de belleza, pues conservaron la peluquería, decidieron montar un pequeño bar que se llamó “Marabá Salón”, administrado por un caleño llamado Guillermo Gómez, sobrino de Héctor Garcés.
Eso significa que ese primer bar con aire acondicionado no fue montado por don Valentín Quintero sino por don Héctor Garcés y Libar Blanco; fue tal el éxito del novedoso lugar de esparcimiento y buena bebida que en el primer mes dejó ganancias por quince mil pesos, para la época una suma fabulosa; al segundo mes fueron de diez a once, hasta que llegó a no producir utilidades, y al comenzar a arrojar pérdidas fue necesario desmontarlo.
El precio de la motilada en la barbería era de siete pesos, lo que parecía caro a la clientela masculina.
Como se puede ver, se trató de negocios demasiado sofisticados para la época y para los que no estaba preparada la población vallenata y por ello fracasaron.
A pesar de que han existido en la ciudad empresarios exitosos, no han sido muchos, lo que se debe en gran parte a la poca tradición empresarial de la comarca. Además, Valledupar era una población muy pequeña.
Leovedis Elías Martínez Durán