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Jacobo Solano Cerchiaro
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Daniel Ortega, un cínico que se resquebraja.
28/06/2008
Las declaraciones del Presidente de Nicaragua son la repetición de lo mismo. No se sabe hasta cuándo seguirán interviniendo los miembros del eje latinoamericano del mal, con sus comentarios salidos de tono en los asuntos internos de Colombia.
Esta situación se ha convertido en un refrito de todas las semanas. Cuando no habla Correa, lo hace Chávez y cuando Chávez calla, repunta Ortega. Al parecer no se han dado cuenta que las Farc es un movimiento muerto políticamente y agonizante militarmente.
No entienden ni van entender nunca que estos terroristas no tienen espacio en una Patria que no quiere más violencia; no me detengo demasiado en la valoración de las Farc, la verdad es que con la dedicación casi exclusiva de esa cofradía anacrónica de bandidos al secuestro, al narcotráfico y al terrorismo, hartaron al pueblo como quedó demostrado en la marcha del 4 de febrero, cuando la gente en masa salió a protestar pacíficamente, aunque muchos opositores extremistas nacionales e internacionales pretendieron desestimarla con el argumento de que era una maniobra mediática, dirigida desde el palacio de Nariño.
Se sabe claramente que lo que hay detrás de Ortega es una torpeza incalculable; no es capaz de traicionar sus ideas guerrilleras comunistas, las cuales no tienen ninguna acogida ni siquiera en su país, donde su imagen se encuentra bastante deteriorada con un 20% de popularidad por el sin número de escándalos que ha protagonizado a través de su díscola vida y los malos manejos del erario público.
Pienso que en su limitada inteligencia pretende seguir el ejemplo de su amigo, el golpista Hugo Chávez, que maneja la diplomacia a trompicones y sin ningún asomo de decencia.
Qué autoridad moral puede tener un sin vergüenza acusado de uno los peores delitos: el abuso sexual de menores, denunciado por su propia hijastra, Zoila América, quien afirma abiertamente que a la edad de 11 años fue acosada, abusada y sometida a una prisión en su propia casa, donde residía con el primer mandatario de los nicaragüenses.
Cuando esta mujer después de mucho tiempo logró perder el miedo, habló, pero fue perseguida hasta el cansancio por las fuerzas del Estado con la finalidad de acabar con su integridad moral y psíquica.
La verdad que un mandatario con ese tipo de antecedentes es el ideal para apadrinar y secundar el refugio de terroristas en su país, el mal busca el mal, y esto es un piropo para lo que se trae entre manos este señor con aspecto de alcohólico de bar de mala muerte.
De todos es conocido que Ortega no tiene mucha injerencia en el ámbito político mundial y representa en comitiva con las Farc a la deteriorada izquierda que se caracteriza por la incoherencia de ideas, alejamiento del combate militar típico de una fuerza beligerante, un pasado violento de sangre, anti modernismo en la política, empleándola como instrumento para realizar espectáculos grotescos cada vez que pueden, como lo hicieron con la entrega de Enmanuel y ahora más recientemente con la presentación en un acto oficial de las guerrilleras Martha Pérez, Doris Torres y a la mexicana Lucía Morett, mostradas como “víctimas” de la persecución del Estado colombiano.
Con este tipo de situaciones podemos entender que la posición hostil de Daniel Ortega no es infundada y pretende llamar la atención para ejercer su liderazgo negativo en un mundo que cada día rechaza más el terrorismo.
Jacobo Solano Cerchiaro