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Valledupar,
Germán Piedrahíta R.
Germán Piedrahíta R.
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Vandalismo y pésimo ejemplo
25/06/2008

Con la nueva Constitución la elección popular de mandatarios abrió los espacios para aquellas personas que tenían un alto grado de pertenencia pasando por encima del partidismo que el tiempo se había encargado de mostrar con resultados mezquinos, sin decir con esto que no siguen siendo, los elegidos, partes de un partido.

Los cambios se sintieron y muchas ciudades avanzaron en todas sus áreas. La nuestra pasó a ser un pueblo grande a una ciudad pero mientras ella, la ciudad crecía, parece que nosotros, los ciudadanos decrecimos y más bien regresamos paso a paso al salvajismo.

Nuevas construcciones como la Galería, glorietas, parques, calzadas, Plan Centro, avenidas, arborización, parqueaderos, bibliotecas y todo aquello que nos llevó a pensar que cada día viviríamos mejor. Pero solo fue una ilusión porque hoy lo que vemos es auna ciudad pujante atascada en el desamor de sus habitantes y es que el vandalismo a tomado a Valledupar como lo hacía Atila en los campos asiáticos.

No hay lugar de esta ciudad que no muestre la acción de los vándalos que no son solo los jóvenes sino todo el mundo, mientras nos lamentamos exigiendo el imposible de tener un policía en cada esquina, en cada calle, en cada parque, en cada casa.

No puede ser que nos tengamos que llenar de normas para castigar y reprimir por no poder vivir civilizadamente y debemos revisar el comportamiento de los vallenatos en las instituciones educativas porque es desde allí, unido al hogar, en donde se forman los nuevos ciudadanos.

No podemos permitir que nuestros estudiantes de colegio y universidades se tomen por asalto la ciudad cuando realizamos cualquier actividad recreativa, lúdica, musical o la que sea, pero me niego a creer que todos lo dueños de motos sean analfabetas; que los silvestristas o villazonistas sean unos brutos sin educación ni hogar; que todo aquel que consume licor, para divertirse, no sepa ni leer ni escribir; que estemos llenos de seres que nunca pasaron por un centro de estudio y formación. Y en eso, desde la cuna, está la mano de la familia y del maestro y entonces en algo estamos fallando.

Claro que si contamos con unos jueces y padres que se olvidaron de la palabra deber y solo miran el término derecho, poco podremos hacer por "civilizarnos" porque no es posible que el desafuero de los estudiantes del colegio Bilingûe solo sirviera para que estos muchachos, que mañana podrán ser dirigentes de la sociedad, sean encubiertos por sus padres, sus compañeros (ley del silencio como en la mafia) y por la mal interpretada ley de juventud o de lo que sea.

No debieron los padres, por su poder económico, desaprovechar la oportunidad dada por el error de sus hijos, de sentar un precedente ciudadano de gran valor civil y respaldar la, en hora buena, disposición de la rectoría del colegio. Esos jóvenes, si no les han pegado ya, pronto pasarán por encima de sus padres y podrán ser, mañana, los vándalos de cuello blanco, los depredadores del país, los Atilas de la sociedad.

Y claro, si así fue el respaldo de mis padres, porque no saldremos a matarnos en las motos, en las camionetas; a ofender a los que no nos gustan; a golpear a los que nos llamen la atención; a atropellar al que cuida la heredad; a desflorar a las pueblerinas; a vilipendiar al que le duele su ciudad.

Y no puede ser, repito, que se necesite militarizar la ciudad, ordenar toque de queda, prohibir la movilización, poner ley zanahoria, eliminar desfiles, castigar la alegría y perder la risa porque los padres, los maestros, todos nosotros seamos culpables por no hacer nada razonable y lógico dentro de una sociedad.

¿O será que son mas los vándalos, los maleducados, los desordenados que los que queremos una ciudad para vivir bien? Si los que estamos en contra de la barbarie no podemos, unidos, encaminar a los pocos, porque creo que deben ser muy pocos, amigos del desorden, es hora de ir pensando en, como nuevos desplazados, entregarles la ciudad a estos pocos locos y salir a engrosar las filas de recién llegados a otra latitud.

Pero me niego a ser cobarde y los invito a que, sin violencia, desde sus casas, con sus hijos, maestros desde las aulas, hagamos de Valledupar una verdadera ciudad educadora y vivamos cada vez mejor.

gepiro1@hotmail.com

Germán Piedrahíta R.

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