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Julio Oñate Martínez
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Aquellas rumberas de antes
12/06/2008
La riqueza musical cubana representa el más bonito regalo que la cultura de la isla le ha hecho al mundo entero. Con sus músicos de prestigio, excelsos compositores, ritmos nuevos que han surgido en todas las épocas y la cadera fogosa de sus bailarinas que impactaron profundamente a gentes de todos los tiempos y en cualquier continente.
Durante los años 40 y 45 del siglo anterior, Cuba al exportar su música incluyó en ella un género muy particular que fue el de las rumberas que a través del cine causaron furor en el gusto popular pero curiosamente entronizándose mucho más en otros países que en la propia Cuba.
El distintivo de rumberas que surge en el celuloide se originó al ser la rumba el ritmo escogido para ambientar los elegantes salones de los cabarets, infaltables en las películas que en esos años mandaban la parada.
Los teatros, los cabarets y los grandes espectáculos que florecieron en Cuba en la citada época fueron los sitios donde los empresarios del cine azteca reclutaron las más famosas rumberas en la historia musical del caribe, cuando apenas se insinuaba en Cuba la industria del celuloide. Al respecto algunos observadores opinan que la rigidez moral de la mujer mexicana en aquellos tiempos no permitían el atrevido vestuario ni el insinuante baile de las rumberas en tanto que sin querer empañar en lo mas mínimo la dignidad de la mujer cubana se le atribuía a la mujer del caribe una conducta un poco mas liberada que en la tierra del mezcal.
Aquellas rumberas cubanas del cine mexicano fueron mujeres bellísimas, de cuerpo escultural, sin artificios ni cirugías, que con su inquieto caderaje nos hacían vibrar de emoción al llenar las más ardientes fantasías sexuales de los hombres que con una sexualidad innata representaban en sus papeles el más puro erotismo.
Una de las primeras en agitar el cañaveral fue Maria Antonieta Pons, descubierta por al autor y productor cinematográfico de origen español Juan Orol cuando ella con solo 16 años de edad bailaba rumba de cajón en las calles de La Habana. Se casaron y después de llevarla a México y lanzarla al estrellato en los filmes “Noches de ronda”, “Pasiones tormentosas” y “La bien pagada” se divorcio de ella y regreso a Cuba en busca de otro faisán y lo cierto es que lo encontró, se llamaba Rosa Carmina quien corrió con la misma suerte de la anterior después de su brillante papel en ‘Gansters contra charros’.
Posteriormente el muy caron (que tal este tipo hoy suelto por ahí en Garupal) volvió a la isla y en un barrio pobre de La Habana capturo a Mery Esquivel con quien repitió la gracia y esta, ya divorciada del gallinazo español se destacó no tanto como rumbera si no en el cine de cabaret que aunque en cierta forma ligado al otro, la cabaretera era mas cantante que bailarina, y encontrando en estas cintas mucho mas drama y tragedia que espectáculo musical siendo quizás Amalia Aguilar descubierta en Panamá la mas deslumbrante en el cine de cabaret como aquellas películas “Al son del mambo” y “La bailarina del antifaz”.
Otras espectaculares rumberas cubanas fueron Ninon Sevilla, conocida como la ‘Venus Dorada’, famosa por su papel en la película ‘Yambao’, y Blanquita Amaro, quien se fue hacia el cono sur quedándose para siempre en el corazón de los argentinos desde el rodaje de la película ‘Escándalo de estrellas’.
Meche Barba, neoyorkina madurada en México, fue tomada en adopción por los cubanos desde su actuación en aquella peliculaza “No me quieras tanto” y “Acá las tortas” quien junto con Yolanda Montes, ‘La Tongolele’ sí se atrevieron a competir con las anteriores abriéndole espacio a tantas y tantas mexicanas que surgieron después ya sin mayores tapujos.
Fueron muchísimos los boleros y canciones que los compositores famosos de la época dedicaron a estas bellas mujeres coquetas y provocadoras quizás adelantadas a su tiempo que rompían los corazones y los perjuicios imperante en ese entonces.
Con la Revolución iniciada por Castro en el 58 las películas de las rumberas desaparecieron del panorama cubano por considerar que eran algo denigrantes para la dignidad de las mujeres de la isla.
Afortunadamente en la magia del cine encontramos ese legado glamoroso y sensual que nos dejaron aquellas rumberas de antes, en esos tiempos en que se dejaba más a la imaginación que a la realidad.
manuelitomanuelon2@yahoo.com
Julio Oñate Martínez