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Valledupar,
Óscar Andrés Ariza Daza
Óscar Andrés Ariza Daza
Unámonos a la campaña del buen hablar y escribir bien
09/06/2008

Apropósito de la polémica desatada por la futura aparición de un manual de redacción elaborado por la Secretaría de Prensa de la Casa de Nariño, destinado a las universidades con facultades de comunicación del país y a periodistas en general, quienes lo ven como una medida incómoda y tonta, se hace necesario reconocer las múltiples falencias sintácticas o de contenido que se cometen con o sin voluntad en el oficio periodístico, pero también la imperiosa necesidad de hacer una cruzada para el rescate del buen hablar y escribir.

Muchos escritores hacen alarde de su capacidad intelectual, su experiencia y preparación para actuar en el campo de la escritura y en eso pueden acreditar gran experiencia, pero a la hora de escribir con sindéresis y coherencia, se quedan en el plano del sentido común, el comentario superficial y la anécdota, sin poseer elementos lingüísticos, gramaticales y propositivos que soporten su necesidad e interés de escribir, lo que le resta importancia o concreción al texto.

El oficio de escribir involucra un posicionamiento frente al mundo una vez que quien lo hace enfrenta el reto de hablar desde los excluidos, de representar a través de sus palabras la conciencia colectiva de quienes han intentado hacer sentir su voz, pero la exclusión como uno de los actos más aberrantes de la naturaleza humana se los impide.

Ni las más grandes barreras que el mismo hombre ha construido en su búsqueda del poder y de la felicidad pueden impedir que el valor trascendental de la escritura quede reducido a miedos; por eso ante las guerras, la muerte, la ambición, la descalificación y las amenazas, la escritura hace un llamado a atreverse, a decir la verdad, a no quedarse callado ante lo que pasa y a forjar un proyecto distinto desde la solidaridad y la tolerancia.

Hoy son muchas las personas quienes establecen acercamientos con la escritura y en eso hay una intención digna de resaltar, pero a su vez, están necesitadas de elementos ideológicos, propositivos y estructurales para llevar a cabo su fin.

Toda forma arquitectónica del texto encarna un entramado composicional fundamentado a partir de la mixtura forma y contenido; la clave perfecta para que un escrito tenga la fuerza suficiente para llegar a sus lectores. Fuera de estos elementos, la escritura se convierte en vana y superficial y su única manera de supervivir es matriculándose en un buen comité de aplausos que más allá de alimentar chovinismos y vanidades, no produce ningún tipo de efecto mayor a ser un sofisma de distracción para quienes ocultan su poco compromiso con el escribir bien, bajo los elogios que terminan por caer en la engañosa y peligrosa trampa de los aplausos.

Escribir es un acto entrañable de gran responsabilidad en el que debe primar el buen uso del lenguaje, desde el mínimo componente micro estructural, llámese sintaxis u ortografía, hasta la macro estructura, en el sentido ideológico, que deben ser tratados con la maestría suficiente para no faltar al compromiso serio de ejercer la escritura con eficiencia y calidad, para que nuestros jóvenes lectores de uno a cien años encuentren en el escribir, un modelo estricto para exponer con claridad sus ideas y construir una nueva sociedad pensante, a partir de la estructuración coherente de las ideas, por eso, me uno a la campaña de la compañera y amiga columnista Mary Daza Orozco, para defender el buen hablar y escribir bien.

arizadaza@yahoo.com

Óscar Andrés Ariza Daza

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