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Leovedis Elías Martínez Durán
Leovedis Elías Martínez Durán
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PRUEBAS, NPO DOCUMENTOS
17/05/2008

Tenía hoy la intención de referirme a otra de las preguntas formuladas acerca del Valledupar de finales de los años cincuentas y comienzos de los sesentas, pero los últimos acontecimientos me lo impiden pues me pican los dedos, que no la lengua para referirme a ellos.

En tiempos pasados el lenguaje diplomático era cuidadoso y refinado; los asuntos de las relaciones internacionales las manejaban las cancillerías y los diplomáticos eran de carrera. Gentes que conocían su oficio. Hoy nos encontramos frente a un panorama distinto. Presidentes ocupándose de asuntos diplomáticos cuyo conocimiento corresponden a sus subalternos y dando por tanto lugar a incidentes internacionales que se habrían evitado de haberse utilizado las competencias naturales: los canales diplomáticos.

El pasado jueves, la INTERPOL, hasta ahora reconocida y respetada institución policíaca internacional, con competencia en la mayoría de países del mundo, reveló que la información contenida en los computadores, discos duros y memorias incautadas en el campamento de las FARC en el que muriera Raúl Reyes, no fue intervenida por las autoridades de policía colombianas, lo que indica que esa información es original y auténtica en cuanto a su origen, o sea, que no fue distorsionada ni falsificada después de su incautación o recuperación o como se quiera llamar.

Uno o dos días antes de la declaración de INTERPOL, escuché al presidente de Venezuela decir: “A mí que me demuestren con pruebas la certeza de las acusaciones que me hace Colombia y que me comprometen con las FARC, pero quiero pruebas, que no me vengan con documentos. Pruebas”, repetía el mandatario.

Ahora me vengo a enterar de que, según la novedosísima teoría probatoria de autoría de un mandatario latinoamericano, los documentos no son pruebas. Apagá y vámonos. Los documentos son, verificada su autenticidad y autoría, las más confiables pruebas, pues son directas si provienen de los investigados. Pero ahora resulta que se exigen pruebas, no documentos. Sería bueno poder conocer a qué pruebas se refiere el mandatario.

Por su parte, el presidente ecuatoriano ha despotricado de su homologo colombiano y a una, con el venezolano, no cesan de insultar y descalificar con toda clase de epítetos a nuestro presidente. Y no hay respuesta diplomática a los denuestos.

Conocido el informe de INTERPOL, se procede a descalificar a esta institución que de un momento a otro y gracias a que su dictamen compromete a los mandatarios vecinos, y como por arte de magia, hoy se convierte en una entidad de payasos. Así lo dijo el presidente Chávez, quien de paso ordenó desconocer a la INTERPOL.

La estrategia es vieja y manida: ante la imposibilidad de rebatir los argumentos de mi contendor, lo aconsejable es desprestigiarlo, ridiculizarlo, en busca de que pierda credibilidad. Eso da resultado entre los seguidores de quien lo pone en práctica, pero no frente a quien analiza los argumentos.

Pasa luego el vecino de al lado, el venezolano, a amenazar con invadir la Guajira que afirma, es venezolana, territorio del que se les despojó. Si bien hemos creído que los arranques del presidente Chávez son de enajenación, creo que es hora de ponerle atención pues cualquier día cumple con sus amenazas.

Si promoviendo un conflicto armado en la región oculta los graves problemas internos que afronta y fortalece el liderazgo que pretende exhibir en la región, creo que no dudará en hacerlo.

Cuando una corte internacional se ocupe de los mandatarios vecinos gracias a las pruebas, qué digo, documentos, obtenidos de los computadores señalados, también descalificarán a tales tribunales como lacayos del imperio, payasos y otros epítetos.

Por lo pronto, habrá que andarse con cuidado con vecinos como los que tenemos, para los cuales la diplomacia es objeto de museo y sólo merece credibilidad aquello que les favorezca, mereciendo descalificación todo aquello que les implique. Así es muy cómodo.

Leovedis Elías Martínez Durán

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