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Luis Elquis Díaz
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¿Reforma Política?
15/05/2008
El viejo continente era considerado antes de las dos grandes devastadoras guerras como una sociedad civilizada y pacífica. Luego de ese deplorable evento histórico lograron diseñar en varios de sus países regímenes políticos estables, pero sobre la base de consensos sociales.
En el continente americano no hubo entre sus países guerras devastadoras, pero sí la presencia de dictaduras sangrientas de carácter militar en su gran mayoría. Posteriormente llegó el momento de reconocer la necesidad de consolidar el régimen político.
La definición de régimen político es ampliamente connotada y también suele ser abstracta, sin embargo, un concepto que recoge varios de sus elementos esta distinguido en la forma de hacer y de actuar en la actividad política.
Hago referencia de ello tomando como ejemplo a nuestro país. Colombia ha sido durante décadas permeada por diferentes situaciones al margen de la ley las cuales han tomado la democracia para usufructuar en su nombre la institucionalidad. Es de esta manera como los grupos de guerrillas, los narcotraficantes y recientemente la parapolítica han infiltrado con su poder económico las instituciones desde los linderos propios de la ilegalidad y en nombre de las necesidades de la ciudadanía, es por ello que la búsqueda del poder es tan ansiosa, porque de esto depende el enriquecimiento y la conservación de poderes en áreas de influencia.
Estos han sido los motivos que han llevado a la crisis a nuestro régimen político, si es que se puede considerar su existencia en tantos años sitiados por los actores de la violencia y la degradación social que ha concebido.
Esta situación es fácil de comprobar si se observa desde el punto de vista integral donde confluyen el conjunto de normas y leyes, que validas o no rigen las relaciones políticas de la sociedad, en consecuencia la crisis del régimen afecta sustancialmente el funcionamiento del sistema institucional y constitucional que soporta el orden político legitimo.
Ese es el reclamo que el régimen político debe hacerle a la actividad, desde la rama legislativa, con un soporte legal representado en una reforma estructural donde los partidos políticos no incurran en la actitud amañada de los mutuos favores.
La constitución de 1991 con la formula de la participación genero una atmósfera o modelo de privatización de la política, circunstancia que se volvió incontrolable debido a la proliferación de partidos de garaje, sin consenso y producto de situaciones coyunturales.
La reforma política de 2003 tenía la pretensión de orientar el camino, sin embargo su contenido tenía varios vacíos poca profundidad y una evidente manifestación del mantenimiento de los ejes de influencia para dividir los sectores y mantenerse posicionados.
La reforma política que actualmente hace tránsito en el Congreso de la Republica, esta indudablemente constreñida por el fenómeno de la parapolítica, de manera que mientras no haya un una desintegración de los fenómenos al margen de la ley y en consecuencia de sus efectos, no solo no se crea un ambiente apropiado para el debate democrático sino que los postulados donde interviene la sociedad quedan devaluados y de la misma manera la institucionalidad para que finalmente no hayan bases para actuar dentro de los lineamientos del régimen político, que debe ser el fin de una sociedad que ha sido golpeada por hechos violentos y desaceleradores; de manera que lo mejor seria detener su tramite, archivarla y proponerla para cuando no hayan efectos coyunturales y su diseño sea autónomo con el ánimo de autoreformarse.
No ha sido malo ni el Bipartidismo ni la pluralidad política, no obstante de ser en casi todo el mundo esta actividad antagónica por dos líneas políticas, pero con la diferencia que su conformación es consensuada y alejada de los actores que nada tienen que ver con el funcionamiento de las instituciones del Estado.
elquis0127@hotmail.com
Luis Elquis Díaz