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EDITORIAL
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La vida te da sorpresas… El amanecer del día de ayer no pudo ser más confuso y preñado de interrogantes para el país.

Contra todas las previsiones, y de modo intempestivo, el gobierno de Colombia extraditó de un solo tajo a catorce de las máximas cabezas de las autodefensas desmovilizadas y sometidas a la ley de Justicia y Paz.

Lo que debería ser un acto de buen recibo para el país y el mundo, en tanto en principio entraña severidad con personas acusadas de delitos de lesa humanidad, ha sido por el contrario motivo de controversias, e inclusive de suspicacias de toda laya.

Unos años atrás los llamados extraditables preferían morir en Colombia antes de someterse a la justicia y cárceles estadounidenses. En esa perspectiva, y florecidos los carteles de las drogas, las acciones terroristas fueron implacables al cobrar miles de vidas humanas inocentes.

Tan tenaz fue la lucha liderada por el cartel de Medellín, con Pablo Escobar a la cabeza, que Colombia misma terminó creyendo en la extradición como el único, necesario y máximo castigo para semejantes genocidas.

Hoy, sin embargo, otras son las perspectivas. Ni los extraditables se oponen tanto a su remisión, ni la extradición de ellos es apoyada, como en otras épocas, por densos sectores de la población. Más bien una buena parte del país, a su cabeza las víctimas del paramilitarismo y sectores contrapuestos al gobierno, desarrollan una recia oposición.

Por ello la confusión y los interrogantes, pues se desconocen las razones íntimas causales, y se teme el escamoteo de la verdad y la reparación, vital para las víctimas, sobre todo aquellas que desconocen la suerte y/o sitio donde fueron inhumados los cuerpos de sus familiares.

Ha de aceptarse en la operación una jugada maestra con la cual se matan varios pájaros de un solo tiro. (I) En la órbita externa se reivindica el presidente Uribe Vélez, vilipendiado al asociársele con el paramilitarismo, merced a una prueba inobjetable: la extradición masiva; de contera, puede servir para restarle argumentos a los congresistas estadounidenses opuestos al TLC con Colombia.

(II) En el plano nacional se ‘salva’ la discrecionalidad presidencial respecto a extraditar o no, previo concepto favorable de la Corte Suprema de Justicia, en duda en virtud de la ‘tutelitis’.
Además, con la extradición de la cúpula de las autodefensas y su consiguiente silenciamiento, deben aliviarse muchos sectores del establecimiento, en especial el político, visto por los paramilitares como socios vergonzantes, y en tal medida, un lastre no acreedor a benevolencia alguna.

Muchos encuentran allí la explicación de tantas salpicadas. Y algunos creen en el acabose del proceso de la parapolítica, pues los extraditados eran los principales testigos; por manera que si delinquían desde la cárcel, violando los términos de la ley de Justicia y Paz, a juicio de estos analistas era preferible excluirlos de la mentada ley y juzgarlos por el ordenamiento ordinario, conservándolos en el país para privilegiar el derecho de las victimas a la verdad y la reparación.

Este es el derecho en ascuas; pragmáticos y arrogantes los estadounidenses, se duda que le den importancia a la justicia colombiana, aún de por medio delitos de lesa humanidad.

EDITORIAL

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