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Yonglin Ovalle Zuleta
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Analfabetismo y calidad de la educación en el Cesar
13/05/2008
La educación es un eje fundamental en cualquier Plan de Desarrollo que se trace a nivel del gobierno central, departamental o municipal, debido al retraso que padecemos con relación a otros países más avanzados que están haciendo parte de la llamada sociedad del conocimiento del siglo XXI.
El problema se debe afrontar por el lado de la cobertura, pero igualmente por el aspecto de la calidad.
Sobre cobertura todavía andamos en deuda. Hay población en el campo y en los sectores subnormales de los centros urbanos que no han sido cobijados por el servicio educativo y la tasa de analfabetismo sigue siendo alta, alrededor de un 18% en el país.
En ese sentido, es meritorio el esfuerzo realizado por la administración de Lucho Garzón en Bogotá y la de Boyacá, que se convirtió en el primer departamento en combatir el analfabetismo, con la asesoría de los expertos en el tema del gobierno cubano.
El Cesar está entrando con todo en el sano y necesario propósito de exterminar el analfabetismo de su población, despejando esa venda oscurantista que impide el disfrute de la lectura y ampliar los horizontes de comprensión del mundo. Esperamos los mejores resultados del acuerdo firmado entre el gobierno departamental con la representación diplomática cubana, quienes tienen creada una estrategia pedagógica entre números y letras, cuya eficacia está probada.
El otro aspecto, igualmente importante, es la calidad del servicio educativo. Se sigue careciendo de las condiciones logísticas apropiadas. Colegios en malas condiciones, carentes de un servicio eficiente de agua, laboratorios, bibliotecas, salas de sistemas y demás condiciones materiales, que son premisas básicas para alcanzar la calidad educativa.
Estudiantes que provienen de familias sumidas en estado de pobreza y sin referentes de estudios en sus padres, hacen más compleja la consecución de mejores niveles de calidad.
También influye decisivamente en la calidad educativa, la preparación del recurso humano docente, los cuales deben mantenerse en un proceso constante de profesionalización y actualización. Los profesores por la naturaleza de su labor, están comprometidos con la investigación y la lectura permanente de libros y prensa que los mantenga bien actualizados sobre el devenir de los procesos sociales, científicos y técnicos.
El profesor en la comunidad debe seguir siendo el prototipo, el referente, la persona que guía a través del ejemplo. Guardando las proporciones, es una especie de sacerdocio del conocimiento que constantemente está orientando y liderando a sus conciudadanos.
En el Cesar se tiene que trabajar mancomunadamente cobertura y mejoramiento de la calidad educativa. El compromiso es titular bachilleres y profesionales competitivos, que estén al nivel y, con el tiempo, superar los promedios de diferencias que nos tienen otros departamentos, como Santander, Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y los del eje cafetero.
Sobre la UPC, nuestra alma máter, se tiene que abrir los espacios para continuar profundizando en el debate que se tiene abierto en la prensa local. El meollo del asunto está en el bajo nivel de la formación universitaria y el perfil del profesional egresado.
¿Cómo superar este gran problema que nos compromete a todos los cesarenses? Sobre esto se han formado dos corrientes de opinión. Una, que está de acuerdo en que se continúe bajo el actual esquema de la autonomía universitaria; y la otra que propone una especie de anexión a la Universidad Nacional. El debate es pertinente, pero se debe desarrollar con argumentos inteligentes, racionales y no con improperios, ya que los interlocutores son elementos de academia.
Yonglin Ovalle Zuleta