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Alberto Atuesta Mindiola
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La concepción de liliputiense espiritual
12/05/2008
Definitivamente los brutos somos nosotros. No entendemos como hay un aumento de la economía cuando palpamos es todo lo contrario. Los pobres aumentan en progresión geométrica. Unos pocos se llenan los bolsillos, mientras una mayoría pordiosera ocupan los espacios de los semáforos, haciendo malabares o vendiendo objetos que nadie compra.
El salario mínimo se incrementa en un 6% y la gasolina cada tres meses se incrementa en un 15%. Este incremento de la gasolina arrastra el alza de todos los productos de la canasta familiar. Siempre a los de bajo se los lleva el putas.
El invierno solo destruye las casas de los indigentes. Las inundaciones afectan con furia las plantaciones de los miserables. El verano y los incendios forestales arrasan siempre las parcelas de los minifundistas. La naturaleza es a veces clasista, impresiona como dirigida por manos malévolas que busca sólo la permanencia de una clase selecta y privilegiada. Esta selección se ve en todos los actos sociales y políticos.
Todos los días asesinan a un sin número de colombianos, pero la mayoría se convierten en números para llenar una estadística y así cuantificar la eficacia o ineptitud de la llamada seguridad democrática. Hay más de seis mil secuestrados que llevan varios años en el fondo de la selva y nadie los nombra, sólo se menciona a Ingrid Betancur y a los tres norteamericanos.
Los demás que se pudran. La vida de las personas tiene un precio de acuerdo a su posición social. Cuando asesinaron la hermana del ex presidente Cesar Gaviria, el gobierno ofreció como recompensa mil millones de pesos para buscar a los culpables; el mismo día masacraron a diez infantes de marina en los Montes de María y el mismo gobierno ofreció diez millones de pesos de recompensa por la información.
Siempre el discurso de todos los gobernantes en campaña política ha sido el mismo, disminuir la pobreza, aumentar el índice de empleo y cerrar la brecha de la desigualdad. Esas palabras retumban en todas las plazas públicas. La mayoría vemos en el orador el hombre del futuro, ese es el que va arreglar los entuertos. Obtiene la curul y desde su butaca hace todo lo contrario a lo predicado. Nosotros los electores somos los culpables por vender la conciencia electoral, por una bolsa de cemento, unos cuantos ladrillos y unas pocas monedas que deben de quemarnos los bolsillos y agrietarnos la honorabilidad.
La concepción de liliputiense espiritual nos lleva a estar siempre arrodillados ante los poderosos, Este ejemplo nos lo da el mismo presidente Álvaro Uribe, aquí se muestra arrogante y malgeniado, ante los senadores norteamericanos se torna obediente y casi silencioso. Aquí tratando de destruir unos cuantos arbustos de coca arrasamos cientos de miles de hectáreas de bosques y ponemos de escudo a los erradicadores manuales que por un salario exponen su integridad. Los norteamericanos son sabedores que el cultivo ilícito no se combate con herbicida ni con plomo, pero tienen que vender sus arman que se oxidan y sus herbicidas con fecha de vencimiento cercana.
La erradicación radical es el cultivo alternativo y un mercado sostenido para los productos lícitos, con una gran inversión social, con educación, con el mejoramiento básico ambiental, con la ampliación de buenos hospitales, con la fundación de empresas que tengan como finalidad la búsqueda del equilibrio social. Si hay justicia, igualdad social y empleo, adiós guerrilla y paramilitarismo. Sobrarán las cárceles y abundarán las universidades. Disminuirán las cruces en los caminos y crecerán muchos jardines.
Esperamos el día en que el hombre pacificado pueda pescar de noche a la luz de la luna sin temor a que su sombra se convierta en un enmascarado que lo guillotine por la espalda. ¿Será una utopía?
Alberto Atuesta Mindiola