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Patricia Lara SAlIve
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¡Por Dios, Presidente!
11/05/2008
El Presidente pierde el sentido de las proporciones: con su acostumbrada violencia verbal, calificó de «farsante de los derechos humanos» nada menos que a Iván Cepeda, el hijo de Manuel Cepeda, asesinado hace 14 años en un atentado cometido por dos sub oficiales del Ejército, condenados por ese crimen a 43 años de cárcel pero quienes, debido a la rebaja de penas, sólo pagaron diez. En el 2007, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el propio Estado colombiano reconoció su culpa por la muerte de Manuel Cepeda, por acción u omisión.
Pero eso no fue lo único que el Presidente dijo de Iván, quien es vocero del movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.
Además, les pidió a los miembros de la comunidad internacional, que «antes de compadecerse por (sus) lágrimas de cocodrilo… vengan a ver(…) lo que está pasando en Colombia.» Y agregó que activistas de los derechos humanos como Cepeda «salen cobardemente (a decir) que el Gobierno los está poniendo en peligro.»
La guerra verbal del Gobierno contra Cepeda comenzó 3 meses antes, cuando el asesor presidencial, José Obdulio Gaviria, dijo que la marcha del 6 de Marzo, organizada por Cepeda y el movimiento de víctimas, era «convocada por las Farc.»
A raíz de esa declaración de José Obdulio, que generó una enérgica carta dirigida a Uribe por 63 congresistas norteamericanos que le pidieron que descalificara las afirmaciones de su asesor, arreciaron las amenazas anónimas contra Cepeda y comenzaron las de las Águilas Negras. Y después del último rosario de adjetivos pronunciados contra él por el Presidente, quien se enfureció con Cepeda a raíz de una columna suya publicada en El Espectador, en la que dijo que en la Universidad de Córdoba y, en general en ese departamento, donde se halla la finca de Uribe, los paramilitares aún se pasean tan campantes, las amenazas contra él aumentaron: «va a pagar caro lo que dijo de Córdoba y del Presidente,» cuenta Cepeda que con frecuencia le advierten.
Lo dicho por el Presidente a Iván Cepeda es una falta de respeto contra alguien que, igual que él, tiene un padre que cayó asesinado por las balas disparadas por los violentos. Al de Uribe lo mataron las FARC y al de Cepeda lo acribillaron dos militares. Pero los dos muertos son igual de respetables.
Como si lo anterior no bastara, al Senador Gustavo Pedro y al escritor León Valencia, dos antiguos guerrilleros que son un magnífico ejemplo de que en Colombia los excombatientes sí pueden hacer política sin fusiles, pues hace más de quince años se acogieron a un exitoso proceso de paz y dejaron las armas, a estas alturas de la vida el Presidente les pidió «!que digan la verdad y que reparen a sus víctimas!»
¡Por Dios, Presidente, piense en la tragedia que les sobre vendría tanto a usted como al país si un fanático admirador suyo disparara contra Cepeda, Petro o Valencia! Por favor, ¡sea más responsable!
Patricia Lara SAlIve