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Óscar Andrés Ariza Daza
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El Vallenato, una profunda queja o lamento
05/05/2008
La música vallenata es quizás uno de los folclores colombianos que ha arrojado mayor cantidad de estudios o polémicas alrededor de su origen y evolución.
Hoy, después de 41 años del Festival de la leyenda vallenata, hay que reconocer el desarrollo de la música de acordeón, que aunque muchos lo acusen de haberse transformado en un género musical llorón, todavía conserva su estructura básica no sólo en la instrumentación sino en su base ideológica que siempre parte y partirá de la queja o lamento frente a la vida, la naturaleza o el amor; último tema éste, sobre el que se ha centrado en la actualidad.
A través de este espacio, limitado por su extensión, estableceré algunos comentarios para mostrar cómo el llanto, la queja o inconformidad son elementos discursivos que siempre estarán presentes en el vallenato.
El mismo lamento que emitieron Escalona, Alejandro Durán o Juancho Polo Valencia, continúa reiterándose en los compositores nuevos, claro está, que la manera como se enuncia esta inconformidad es diferente, y tendría que serlo así, porque los intereses y necesidades de las generaciones modernas son diferentes a las de antaño.
Hay que reconocer cambios en la manera como se ejecuta, interpreta esta música o en la incursión de temáticas en uso, pero su base primaria construida en el recurso oral de narrar y lamentar es una constante casi espiritual que tiende a mantenerse, pues el oficio de contar tiene su fundamento en la necesidad de comunicación de quien narra a partir de su percepción del mundo.
El vallenato entonces, se enmarca dentro de una base netamente oral, cuyo elemento constitutivo de esa sabiduría popular tiene que ver con la presencia del mito. Una vez que se quiera explicar o interpretar el mundo de manera que responda a sus necesidades y querencias, el mito se constituye entonces en una forma final de conocimiento.
El soporte mítico es un elemento estructural de las primeras canciones vallenatas. Ya el mismo origen de este género está basado en el mito de Francisco el hombre; un acordeonero que enfrentó al diablo hasta derrotarlo a través de un duelo musical.
El principio mítico ha sido una constante que habitó y habita en todas las culturas que universalmente se estructuran a partir de unas creencias religiosas. Desde las cavernas, el hombre pintaba los animales que necesitaba para su consumo y en una especie de ritual pictórico, los atrapaba con redes o flechas; creía que así podía conjurar la tarea de debilitarlos y atraparlos mejor. A partir de su necesidad, surge el rito mágico de la palabra que encanta, la palabra vuelta hechizo que regresa a nosotros convertida en música, melodía, letra de canción o cualquier otra posibilidad del lenguaje que genere acercamiento con el mundo y su necesidad de entenderlo.
Así desde la antigüedad el canto ha surgido como una necesidad de comunicar a través del lamento agónico, la queja, el reclamo, que son elementos constitutivos de la tradición oral de donde se ha desprendido la propuesta musical vallenata. La queja es un tema recurrente que se construye a partir de hechos extraordinarios como el sufrimiento y lo triste; motivos que llevan al compositor a cantar. Así las cosas, ¿por qué preocuparse si nuestros jóvenes compositores vallenatos lloran o protestan cantando, si esto nunca ha dejado de serlo así?
Óscar Andrés Ariza Daza