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Amylkar D. Acosta M
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El zaperoco del TLC
23/04/2008
Quienes creían que la ratificación del TLC por parte del Congreso de los Estados Unidos era pan comido estaban equivocados de medio a medio; la decisión de la Cámara de representantes de congelar su trámite los dejó con un palmo de narices. En un exceso de ingenuidad, el Ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, sostuvo hasta la víspera que “hoy se visualiza un cambio de ambiente frente al TLC, que hace que el gobierno se sienta más optimista frente a su paso por el Congreso”.
Claro que su optimismo estaba basado en la ilusión de que la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, permitiera “que el acuerdo comercial con Colombia tenga una votación individual, no de bancada” Sí? Acaso ignora el Ministro que allá los partidos políticos son disciplinados y que, además, el 4 de noviembre no sólo está en juego la elección de Presidente, sino que se renueva toda la Cámara y un tercio del Senado. Además, es que allá sí opera la separación de poderes y el sistema de los checks and balances, propios de una democracia montesquiana. Es más, el Congreso de los Estados Unidos es prácticamente un Congreso corporativo; esto es, que cada parlamentario representa un grupo de interés al que no le puede fallar, a riesgo de no ser reelegido.
Los dos precandidatos demócratas a la Presidencia se habían pronunciado de manera reiterada en contra de la aprobación del TLC con Colombia y mientras más reñida ha sido la contienda entre los dos más categóricos han sido al tomar distancia respecto al mismo. Hilary Clinton, que en su momento votó favorablemente el NAFTA que prohijó su esposo Bill y que ahora se muestra arrepentida de ello, fue enfática al afirmar: “votaré contra ese acuerdo y haré todo lo que pueda para exhortar al Congreso a rechazar el acuerdo de libre comercio con Colombia”. Colombia se gastó más de US $1 millón tratando de cortejarla, a través de la contratación de cuatro firmas de lobbys afines al ex presidente Clinton y al entorno de la campaña de Hilary; quiso con ello hacer una gracia y terminó haciendo una mofa, porque al final el tiro le terminó saliendo por la culata.
Barack Obama tampoco le jala a este TLC, como tampoco le jaló a los anteriores y votó sistemáticamente contra ellos; en este sentido, su posición ha sido más consistente y firme que la de Hilary. Por su parte, John McCain, ni corto ni perezoso, le está tratando de sacar partida a esta trifulca abanderándose del proyecto de su ratificación e implementación, por considerar “que los argumentos económicos a favor del TLC son contundentes, ya que, entre otros beneficios, permitirán la exportación libre de aranceles del 80% de los productos estadounidenses a Colombia”.
Ya lo había advertido la Pelosi: “El Tratado con Colombia es controversial en sus méritos…presionar el Tratado en el Congreso, sin el consentimiento del liderazgo demócrata, sólo lo hará más controversial” y así fue.
Bush retó a los demócratas al apelar a la conocida “opción nuclear”, consistente en presentar el proyecto sin el beneplácito del partido que domina el Congreso, lo cual ha sido calificado por algunos analistas como un acto de torpeza. Y ahí fue Troya.
Con ello, el Presidente Bush quiso meter entre los palos al partido demócrata; pero, la reacción de este no se hizo esperar; la Presidenta de la Cámara fue muy contundente cuando afirmó: “El Presidente actuó. Yo actuaré mañana”.
En efecto, por una mayoría de 29 votos se envió el proyecto a la Comisión de Reglas de la Cámara, en donde se modificaría el término perentorio de los 90 días para su trámite, como lo establece el fast track o vía rápida para agilizarlo. De esta manera se desmarcaron y engavetaron el proyecto hasta nueva orden. Se terminó imponiendo un mecanismo llamado coloquialmente “corto circuito”, que pospone de manera indefinida la votación del TLC.
De este modo, el TLC ha quedado más tuerto que bizco, pese a las afirmaciones del Ministro de Comercio, para quien “esto significa que la discusión y votación del acuerdo no tendría límite de los 90 días…ahora puede ser más o incluso que se pueda resolver antes de los 90 días”. El mismo Bush lo reconoció cuando afirmó, hecho un basilisco, que “si el Congreso no fija plazo para ratificarlo, el TLC está muerto”.
www.amylkaracosta.net
1 Ex presidente del Congreso de la República
Amylkar D. Acosta M