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Editorial Nuevo Siglo
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Opinión del 19/05/2007
Héroe
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La fuerza de la palabra
19/04/2008
Las voces alarmistas que hablaban de un retroceso de la fe católica en los países desarrollados han quedado más que desvirtuadas con la visita que cumple el papa Benedicto XVI a Estados Unidos.
El fervor demostrado por millones de personas que han acudido a los diferentes actos del Pontífice evidencia que el catolicismo continúa siendo una de las confesiones religiosas de mayor presencia en Norteamérica. A todo ello ha contribuido de manera decisiva la creciente población de origen hispano que sigue fiel a los principios religiosos de sus naciones de origen.
Otro de los hechos clave del periplo papal ha sido la forma en que Benedicto XVI afrontó la polémica en torno de los escándalos de pederastia que se han presentado en la Iglesia Católica estadounidense.
Lejos de tratar de minimizar el grave problema, esquivar sus implicaciones o aminorar el castigo a los responsables, el Pontífice habló de manera clara y enfática. Pidió perdón por los errores cometidos por sacerdotes y otros religiosos, se reunió con las víctimas de sus abusos sexuales, los escuchó y atendió sus reclamos. De igual manera, llamó a los obispos a ser más diligentes y drásticos para enfrentar este tipo de casos y, lo más importante, urgió a que quede atrás el clima de desconfianza y decepción generada por este escándalo, de forma tal que se retome la vía de la reconciliación entre la Iglesia y su feligresía.
Esa actitud del máximo jerarca de la fe católica, apostólica y romana, provocó múltiples reacciones de respaldo en distintos sectores de E.U., quienes coincidieron en valorar la forma en que el Vaticano está afrontando el mayor escándalo de las últimas décadas.
Tampoco puede dejarse de lado el reconocimiento hecho por el gobierno Bush y demás instancias de poder político, económico, social, institucional y popular al estatus del Pontífice.
El que el mandatario norteamericano haya recibido personalmente a Benedicto XVI en la base militar Andrews, en Washington, los honores rendidos por su visita, el acto masivo en la Casa Blanca y hasta el festejo del cumpleaños, revalidaron ante el mundo el respeto por el liderazgo espiritual de la Iglesia Católica.
Precisamente la reiteración del alcance global del catolicismo es la pieza fundamental del diálogo ecuménico que el Vaticano viene impulsando desde el papado de Juan Pablo II y que su sucesor no ha descuidado.
Las palabras de Benedicto XVI en sus reuniones con líderes religiosos judíos, protestantes y musulmanes respecto de que la libertad religiosa es un derecho civil fundamental en todo el planeta, tuvieron mucho eco y seguramente permitirán ahondar el diálogo y entendimiento entre las distintas confesiones espirituales.
Los otros asuntos tratados por el jerarca católico ante el pleno de las Naciones Unidas también evidencian la preocupación y sintonía de la Iglesia con los problemas más graves para el mundo, como la violación de derechos humanos, la urgencia de imponer una solución multilateral a las crisis en distintas partes del planeta y la necesidad de enfrentar una explosión social derivada del desabastecimiento alimentario.
La confluencia de todos los aspectos que han rodeado el periplo papal por Estados Unidos aumenta el optimismo sobre los frutos de la misión en que está empeñado el Pontífice, que a sus 81 años llama a todos los católicos a reforzar su fe, traer nuevas ovejas al rebaño y evitar que los principios éticos y morales se pierdan en medio de una realidad cada vez más deshumanizada, alienada por el materialismo y el personalismo y propensa a la violencia y la polarización.
Difícilmente pudo haber sido más fructífera la visita de Benedicto XVI a Estados Unidos. Toda la expectativa creada alrededor de lo que serían sus posiciones y criterios quedó ampliamente superada y el Pontífice vuelve a la Santa Sede con muchos réditos para continuar su misión apostólica.
Editorial El Nuevo Siglo. Abril 19-08
Editorial Nuevo Siglo