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EDITORIAL
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Conmoción
05/04/2008
Conmocionada, Valledupar llora la muerte absurda de uno de sus hijos, un joven de apenas 28 años sometido a una operación quirúrgica sin acaso conocer los verdaderos riesgos de la misma.
El caso no es único, ni ha sido Valledupar la única ciudad que ha padecido desenlaces fatales en operaciones en apariencia sencillas, pero que finalmente terminan por cobrar la vida del paciente, y sumir en el dolor a círculos familiares.
Los registros noticiosos dan cuenta de innumerables casos sucedidos en toda Colombia: Jóvenes llenos de vida que en el afán de mejorar su figura corporal se practican cualquiera de los procedimientos embellecedores y/o reductores de la capacidad gástrica, y que fallecen en el intento.
Bien podría decirse que los fatales son sucesos esporádicos. Pero no. Las estadísticas hablan de una mortalidad aproximada al 7%, nada baja por cierto. Sí ello es la mortalidad, fácil es inferir una tasa triplicada de morbilidad, guarismos de sumo preocupante, como para abocar a las autoridades de salud a tomar cartas en el asunto y regular dicha práctica.
A decir verdad, Valledupar ha llorado a varios de sus hijos que no han superado el procedimiento quirúrgico al que se someten fundamentalmente por cuestiones estéticas más que de salud, o que han sobrevivido pero con secuelas que las afean más o que le hacen insoportable la vida.
A juicio de muchos, reina el folclorismo o la informalidad, lo que traduce irresponsabilidad en tales procedimientos, inclusive de los médicos intervinientes, no por impericia que muchos tienen versación, sino por confiados al desatenderlos pese a los requerimientos post-operación denunciados por pacientes y familiares; ha preferido el médico atribuirle los síntomas a la pechichonería.
Por sobre todo, la irresponsabilidad se presenta en especial en el pre-operatorio, pues a juzgar por familiares y pacientes damnificados, no se les hace una adecuada inducción y preparación respecto a la magnitud de la intervención, tomándose la decisión de ir al quirófano con la convicción de ser una operación sin mayores riesgos, tanto que muchos suelen practicarse varias simultáneamente.
En casos como éste se está en presencia de una concurrencia de irresponsabilidades, sin ser dable exculpar al mismo paciente, pues es su vida la puesta en juego, y en vez de merecer mayores previsiones, más todavía ante el acaecimiento de muertes causadas en eventos similares, por el contrario muchas veces se arriesga más la vida sometiéndose de modo simultáneo a varias operaciones, lo que dista de otros países que prohíben la simultaneidad de procedimientos.
En síntesis, la culpa jurídica es de muchos. Del paciente. Del médico, por razones expuestas, y por avaro al consentir y auspiciar procedimientos simultáneos, lo mismo que del Estado y del mismo centro hospitalario o clínica, corresponsables, pues ya que se lucran de la utilización de sus locaciones y equipos, por lo menos deberían velar por la vida o integridad del paciente haciéndole las inducciones o prevenciones de rigor.
EDITORIAL