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Editorial Nuevo Siglo
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Opinión del 19/05/2007
Héroe
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Un TLC más trabado
05/04/2008
SOMBRÍO, por decir lo menos, es el panorama para la ratificación en el Congreso norteamericano del Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito entre los gobiernos Bush y Uribe. Cada vez que la Casa de Nariño y la Casa Blanca anuncian que se avanzó sustancialmente en la labor para reducir la negativa de las mayorías del Partido Demócrata a darle visto bueno al acuerdo comercial, de inmediato se concatenan situaciones que dan al traste con los síntomas de optimismo.
Una prueba de lo anterior es la semana que termina. El lunes la prensa norteamericana dio cuenta de la intención de la administración Bush de enviar al Capitolio el texto del TLC con Colombia, bajo la creencia de que la tesis presidencial en torno de que la ratificación del acuerdo es un “asunto de seguridad nacional” para Estados Unidos podría asegurar el ansiado visto bueno.
Ese optimismo también fue evidente en nuestro país, en donde voceros gubernamentales indicaron que ya se contaba con los votos suficientes de demócratas para asegurar la ratificación del Tratado antes del receso legislativo de mitad de año, pues después de esa época prácticamente todo el escenario político norteamericano estará concentrado en la recta final de la competida campaña presidencial.
Sin embargo, casi de inmediato empezaron a sucederse los hechos que volvieron a oscurecer el panorama, aunque no faltan los analistas que advierten que, en realidad, los avances descritos por ambos gobiernos no se han dado en la dimensión reportada, puesto que una cosa es lo que afirman los senadores y representantes demócratas cuando visitan a Colombia y hablan de la urgencia de aprobar el TLC como muestra de apoyo a un país aliado, y otra muy distinta la posición que asumen cuando están sentados en sus respectivas curules en Washington y reiteran su acatamiento a las órdenes que en contrario emiten las directivas de la colectividad.
La oposición a ratificar el acuerdo comercial parece no variar significativamente. De un lado, el precandidato presidencial demócrata, Barack Obama, quien le está tomando visible ventaja a su rival, Hillary Clinton, advirtió que la persistencia de los crímenes contra sindicalistas en Colombia evidenciaba que poco se había avanzado en la protección de las garantías laborales y, por lo tanto, ratificó su oposición al TLC. Y como si fuera poco, lo aseguró ante los delegados de la principal central obrera norteamericana, uno de los principales nichos electorales de su partido.
A la par de ello, la líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, le advirtió a Bush que no era aconsejable enviar al Congreso el texto del acuerdo comercial con Colombia, puesto que no había consenso bipartidista para tramitar su aprobación. Con ello quedó confirmado que la parlamentaria no dará libertad a los integrantes de su bancada para que voten libremente el proyecto, algo que es clave en la estrategia de la Casa Blanca.
Para terminar de complicar el asunto, el asesinato en las últimas semanas de varios líderes sindicales y de organizaciones de derechos humanos en Colombia ha dado margen para que varias ONG y centrales obreras le insistan a los demócratas que no destraben el acuerdo de libre comercio con nuestro país.
Si bien es cierto que el presidente Uribe le replicó a Obama que sus reparos al TLC se motivaban en cálculos políticos domésticos y en un desconocimiento de la realidad colombiana, al tiempo que la Casa Blanca reforzó sus gestiones para presionar el visto bueno al acuerdo, e incluso ayer la representante estadounidense de Comercio Exterior, Susan Schwab, arribó a Medellín en compañía de otro grupo de parlamentarios de su país, las posibilidades de disminuir la prevención de los demócratas en el corto plazo son muy pocas. Lamentablemente para Bogotá el asunto terminó politizándose en medio de la aguerrida campaña electoral norteamericana y, a menos que ocurra algo extraordinario, poco a poco crece la resignación respecto de que el visto bueno deberá esperar hasta después de la cita en las urnas en noviembre. Si ello es así, lo mejor sería ir pensando en una nueva prórroga del régimen de preferencias arancelarias andinas (Atpdea), que vence en diciembre.
Editorial El Nuevo Siglo. Abril 5 de 2008
Editorial Nuevo Siglo