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Luis Rafael Nieto Pardo
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Días de reflexión
22/03/2008
No cesan las noticias alarmantes sobre el crecimiento de la espiral de violencia que cada día amenaza con encerrar, en un callejón sin salida, a los buenos ciudadanos de todo el país.
La voz de alarma viene desde todos los rincones de la patria; y no sólo son escalofriantes las noticias por el alto grado de sevicia y degradación moral que muestran los protagonistas, sino porque además es cada día mayor el número de menores involucrados en tales acciones delictivas, y lo pero es que ya no son “campaneros”, sino que tiene un rol protagónico en el teatro de los acontecimientos, tal y como sucedió con el menor de 12 años que hace apenas unos días, pistola en mano, asalto e hirió a un ex – miembro de las fuerzas armadas para despojarlo de una suma de dinero que supuestamente acababa de retirar de una entidad bancaria.
Resulta triste y desgarra el alma decirlo, pero de seguro que sí no recibe ayuda pronto, llegará a tener largos antecedentes criminales. Ya los noticieros no se refieren a la comisión de pequeños delitos, sino a asaltantes armados. No se imaginan cuánta comezón le entra al dedo sobre el gatillo cuando se está apuntando a otro ser humano; no saben lo fácil que pueden ser borrados del mundo.
Debemos procurar aunar esfuerzos reales para que los jóvenes se hagan decentes y buenos así hayan pecado en el pasado y cometidos excesos contra la sociedad, porque seríamos iguales de inhumanos sino tratáramos de ayudarlos a regenerarse, a convertirse en hombres temerosos de la Ley Divina, en ciudadanos decentes y respetuosos de las leyes.
Por supuesto que para ello hay que contar con la decidida actitud de las autoridades: Fuerzas Armadas, gobierno, procuraduría, fundaciones, ONG, etc.
Es hora de demostrar que tenemos corazón; que somos decentes; Fiscalía, Policía, y todo el mundo debemos tratar de ser tan bondadosos con nuestros semejantes como les sea posible serlo. Es tiempo de que practiquemos algo de lo que escuchamos en las iglesias y en los cultos. Ya es tiempo de que todos los pueblos del mundo practiquen un poco más el Cristianismo y lo demás.
De esa forma todos estaremos contentos porque de alguna forma reafirmaremos nuestra fe en la decencia humana. Y si no fuere posible que se le otorgue la libertad porque la Ley no da otra alternativa que la sentencia condenatoria y la confinación en una cárcel; que por lo menos se cumpla la sentencia en condiciones dignas, se las provea de elementos e instrumentos y asesores, que puedan convertirse en magníficos pintores o buenos músicos. Proveerlos de estudio y lecturas constantes para que salgan cultos y seguros de si mismos.
Ojalá salgan algún día habiendo llegado a la sana conclusión de que todo aquel que sale a luchar limpia y decididamente es todo un hombre.
Defensor Público*
Luis Rafael Nieto Pardo