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Luis Rafael Nieto Pardo
Luis Rafael Nieto Pardo
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LA CRUELDAD DEL SECUESTRO
01/03/2008

A propósito de los descarnados relatos de los cuatro (4)rehenes de las FARC recientemente liberados, nos causó gran impacto la imagen de la señora GLORIA POLANCO, aferrada a sus tres (3) hijos y con sus ojos anegados en llanto; y de igual manera las preocupantes noticias acerca de las deplorables condiciones de salud de INGRID BETANCOUR, que hacen presumir un fatal desenlace de no producirse a tiempo un gesto humanitario poco probable de estos bárbaros, que o bien la liberen o por lo menos permitan que reciba pronto ayuda y tratamiento médico urgente y especializado que pueda evitar la nefasta desaparición de esta valiosa e inteligente y aguerrida pero frágil y hermosa madre de familia.

La imagen de ambas, aunadas a las otras crueldades a las que ya nos tienen acostumbrados estos psicópatas, me trajo a la memoria lo parecido que debió ser el episodio con la imagen de la señora ANA LINDBERGH, la valerosa mujer que debió resistir la horrible situación del secuestro de su bebé, de apenas veinte (20) meses de nacido, el cual fue sacado de su cuna por la ventana del segundo piso del hogar de la familia situado en Hopewell, Newyersey, la tarde del 1º de marzo de 1.932; es decir, que el pasado 1º de marzo se cumplieron exactamente setenta y seis (76) años de haber sucedido el bochornoso hecho.

Posiblemente el suceso no hubiera sido tan notorio y comentado, con todo el aparato judicial e investigativo de los Estados Unidos en la búsqueda del menor y en procura de la captura de los responsables, si no se tratara nada menos que del hijo del Coronel CARLOS (CHARLES) A. LINDBERGH, aviador norteamericano, héroe nacional, quien a bordo de un pequeño avión que bautizó “Spirit of Saint Louis” realizó la primera travesía sin escalas del Atlántico Norte en 1.927.

A los periódicos y agencias de información se presentaron hombres y mujeres que decían estar en contacto con los “verdaderos secuestradores”, y cada pista, no importando que tan absurda pareciera, era investigada. Y así muchos excéntricos pretendieron mezclarse en el asunto, e incluso se siguieron pistas que a veces condujeron a los investigadores a lugares muy extraños.

Un oscuro profesor del Bronx, de apellido CONDON, se ofreció como mediador con los “secuestradores” y logró sacarle al coronel LINDBERGH, la no despreciable suma de $ 50.000 dólares.

De todos los acusados podemos recordar a GASTON MEANS, quien resultó inocente. PABLO H. WENDELL, un hombre que alguna vez ejerció la abogacía, fue raptado en New Yersey, acusado por unos oscuros detectives fue esposado y atado a una silla, torturado en un sótano oscuro y sometido por otros tres (3) desalmados a tratos crueles e inhumanos durante muchos días sin probar comida, aplicándole conocidos sistemas de torturas con sesiones intermitentes de aplicación de cerillos encendidos a las partes vulnerables de su anatomía, desmembraciones y golpes. Finalmente el pobre hombre sucumbió y confeso; pero, también más tarde se descubrió la verdad y fue liberado.

Para terminar, a pesar de que aún actualmente persisten dudas, el alemán BRUNO RICARDO HAUPTMANN, acusado a quien le encontraron $ 13.750 dólares en certificados de oro (todos identificados como billetes del rescate), otras cantidades adicionales que se localizaron en su predio y en el garaje de su casa, sin que su explicación acerca de la tenencia fuera ingeniosa y convincente; las coincidencias grafológicas de las notas de rescate con su letra y otras coincidencias perjudiciales, a pesar de pregonar su inocencia y sin saberse si hubo cómplices; una noche lúgubre y oscura fue llevado a la silla eléctrica, llevándose el secreto a su tumba.

A pesar de todo ello, la angustiada ANA LINDBERGH supo la horrible verdad de lo sucedido a su pobre bebé sólo setenta y dos (72) días después del secuestro, cuando los despojos lamentables de la criatura fueron encontrados en una tumba excavada a pocos centímetros bajo tierra a sólo algunos kilómetros de la casa; en una horrible verdad que explotó sobre una nación sacudida y ofendida. Señor, no permitas que vuelva a sucedes algo igual con INGRID o con otro cualquiera de los secuestrados, sencillamente porque ya no nos cabe más dolor y rencor en el corazón.

*Defensor Público

Luis Rafael Nieto Pardo

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