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Patricia Lara SAlIve
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La entrañable ‘Voz Interior’
21/08/2007
“Con lo fácil que parece no se nota el trabajo que nos costó, como dijo Cocteau”, afirma el poeta y escritor Darío Jaramillo Agudelo a propósito de su último libro, La Voz Interior, una novela de 639 páginas que le tomó ocho años escribir y corregir y que, al comienzo, asusta por lo voluminosa pero que, a los pocos minutos de comenzada, envuelve al lector hasta el punto de que no puede abandonarla hasta no leer su último párrafo, no obstante que en ella no suceden cosas extraordinarias.
Es la pureza de esa prosa sencilla e impecable de Darío Jaramillo y es la riqueza de la vida interior del personaje central, Sebastián Uribe Riley, un hombre común y corriente que murió hace diez años en un accidente automovilístico y dejó escritos cerca de 20 mil folios sobre temas diversos, a partir de los cuales el narrador, Bernabé, su mejor amigo, reconstruyó su biografía, lo que irradia en el lector una magia inevitable.
En su investigación, Bernabé descubre, como él dice, a un Sebastián Uribe “secreto, distinto, a veces opuesto, absolutamente inesperado” quien, como Darío, adoraba la poesía y la música, especialmente la de Bach, era un gran lector, le gustaba escribir, le interesaba el tema de Dios, le incomodaba la notoriedad, había tenido amores e incertidumbres, era un gran ser humano a pesar de que dijera que él no era malo pero tampoco era bueno, sabía de esos dolores que dolían tanto que ya no dolían nada (Darío perdió una pierna al pisar una mina en la finca de Sopó de su gran amigo Fernando Martínez contra quien habían planeado un atentado), en fin, había vivido acompañado de sí mismo, buscándose, conociéndose, viviendo hacia adentro. “Cuando me siento solo me busco a mí mismo”, dice Sebastián Uribe. Y a propósito de esa frase comenta Darío: “ese es el centro de la novela. El mundo está diseñado para vivir hacia afuera.
Son pocas las cosas que conducen a la vida interior: la poesía, la religión, por ejemplo... Y la salvación del mundo está, precisamente, en la gente que vive hacia adentro”.
Sí, la salvación del mundo está en gente como Darío Jaramillo, un paisa de Santa Rosa de Osos, abogado, hijo único, el mejor amigo de sus amigos, un hombre bueno, quien acaba de cumplir 60 años, de los cuales 22, de lunes a viernes, los ha dedicado a trabajar por la cultura del país, en su condición de subgerente cultural del Banco de la República, y casi todos los sábados, domingos y festivos de su vida los ha empleado en hacer lo que más le gusta, que es escribir,... en efecto, Darío llega a su casa los viernes a las seis de la tarde, se pone la pijama, camina, da vueltas, y a las ocho de la noche comienza a escribir y a construir sus personajes, a pelear con ellos, a quererlos, a odiarlos, a gozar dándoles vida, a desdoblarse, a exorcizar sus demonios interiores a través de las palabras, a descubrir sus máscaras, sus distintos yos, a sintonizarse con ese otro que en él también habita y que originó el que fuera elegido por los colombianos como el mejor poema de amor. De pronto, el domingo en la mañana, Darío se quita la pijama y sale a desayunar o almorzar y, cuando regresa, vuelve a empiyamarse y a escribir hasta acostarse tarde y, el lunes, emperifollarse y vestirse del Darío promotor cultural.
Así, a base de disciplina y de poner a actuar al Darío de la corbata y al Darío de la pijama, Jaramillo Agudelo ha realizado la gestión cultural más importante que haya tenido Colombia y ha construido una obra literaria que consta de seis libros de poesía, un libro en prosa, un texto autobiográfico y seis novelas que lo han convertido en una figura muy respetada de las letras, especialmente en España, México y Venezuela. La séptima novela, La Historia de Simona, es una divertida biografía de uno de los personajes de La Voz Interior la cual, para fortuna de los lectores, ya viene en camino.
Por todo lo anterior, el homenaje que el jueves pasado se le hizo en Bogotá a Darío Jaramillo y a toda su obra, es el más merecido.
Patricia Lara SAlIve