Buscar:
Valledupar,
Alfonso Gómez Méndez
Alfonso Gómez Méndez
Opinión del 14/03/2007
Educación y desigualdad social
El ‘ventilador’ de Mancuso
21/05/2007

Cuando comenzaba a discutirse el proyecto de ley sobre justicia y paz, escribimos en ésta misma columna, que nada sacábamos con procesar a quienes bajo el pretexto de combatir a la guerrilla se habían armado para cometer las peores masacres en la reciente historia de Colombia, sino se destapaba todo lo relativo a los financiadores, protectores en el la fuerza pública y a sus beneficiarios electorales.

Hay que reconocer que a pesar de nuestro escepticismo, de alguna manera la ley está comenzando a producir efectos, en lo que se refiere al descubrimiento de los verdaderos autores intelectuales del monstruo paramilitar. Inicialmente los jefes paras se habían limitado a justificar sus actuaciones y a señalar como colaboradores a generales o empresarios muertos. Esta semana Salvatore Mancuso cambió de posición y pasó de los largos discursos justificatorios, al señalamiento con nombres propios, y a veces con detalles, de quienes les permitieron expandirse a lo largo y ancho de la geografía nacional. Si bien, va a ser difícil que la comunidad internacional acepte el tratamiento benigno (penas de cinco años) para descuartizadores y autores de desplazamiento y asesinatos en serie, hay que admitir que para la historia de Colombia puede ser muy importante lo que comienza a destaparse por boca de Mancuso y de los demás “comandantes” de las autodefensas. Es endeble el argumento de que el paramilitarismo surgió por ausencia de Estado. Lo que se está demostrando es que sectores poderosos de la sociedad (empresarios, ganaderos, industriales) y agentes estatales, se pusieron de acuerdo con delincuentes de la peor especie para montar un proyecto político criminal.

El “baile” apenas comienza. Nunca hubiera sido posible la asombrosa extensión del fenómeno si militares y policías de medio y alto rango no hubieran mirado para otro lado cuando se cometían las masacres y se daban los fenómenos de desplazamiento forzado y de involucramiento con el narcotráfico. Igualmente el engendro se hubiese “ahogado en la cuna” si poderosos empresarios y ganaderos no hubiesen puesto sus chequeras abultadas al servicio de las autodefensas.

Sin embargo, las acusaciones de Mancuso -y las que deben venir de parte de los demás “comandantes”- deben tomarse con la debida distancia por provenir de donde provienen. Es muy probable que sólo ellos estén en condiciones de contarle al país esa verdad que muchas personas “de peso” no quieren que salga a flote.

El dijo cómo se paseaba como Pedro por su casa por batallones y brigadas en la Costa y Urabá. Sus imputaciones no se pueden descartar, simplemente por el hecho de quien las formula sea un narcoparamilitar confeso. Pero tampoco pueden tomarse como verdad revelada o como dogma de fe.

Hay que escrutar mucho más su alma para saber por ejemplo por qué solo ahora se decide a hablar. Porque recuerda, por ejemplo unos comandantes de brigada, y no pasa lo mismo con otros nombres. O por qué omite nombres de algunos políticos. El debe saber además de una parte que a pesar de sus crimines el país espera que contribuya al esclarecimiento de la verdad, y de otra que está jugando con candela pues si dice mentiras bajo juramento, comete otro delito (falso testimonio), que por consumarse después de iniciado el proceso, le podría hacer perder los beneficios de la ley de justicia y paz.

Es crucial el papel que debe cumplir la Fiscalía. Debe tomar la iniciativa y no ir al ritmo temporal que le imponga Mancuso.
Igualmente debe interrogarle de manera amplia y profunda sobre cada una de sus afirmaciones. Tiene que pedirle que cada señalamiento esté acompañado de las circunstancias de tiempo modo y lugar.

Valorados por los fiscales y confrontados con otros elementos de prueba, las revelaciones de los jefes paramilitares pueden ser decisivos para el descubrimiento de ese lado oscuro de nuestra historia política, que afecta a políticos, militares, empresarios, ganaderos y dirigentes que le fallaron en materia grave al país. De lo contrario, la justicia se prestaría para un sainete, o para que los paras se saquen viejos clavos, inclusive frente a personas inocentes.

Alfonso Gómez Méndez


EL PILON - www.elpilon.com.co
Valledupar - Cra 7 No. 14 - 50 Teléfonos: 574 52 22 - 574 99 00
Copyright © 2007 Todos los derechos reservados.