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José Guillermo ‘Pepe’ Castro
 José Guillermo ‘Pepe’ Castro
Viejo Valledupar - El agua, problema provincial
25/03/2007

Recientemente leí deleitado un artículo de mi apreciado amigo doctor Alfonso Araujo Cotes, quien comenta sobre la escasez de agua de los ríos Guatapurí en Valledupar y El Mocho en el pueblo de La Paz, que alguna vez, en una de sus crecientes se llevó el camión de don Fidel Mejía, cargado de aguacates y de el no aparecieron ni las llantas; es alarmante lo que escribe y más grave si se recuerda el pasado, cuando ambos ríos eran el terror de los transeúntes, esto se agrava, viajando de aquí a Fundación o Santa Marta, donde los ríos que ayer impedían el transito, hoy son cauces secos o a punto de serlo y esto especialmente por el desorden e irresponsabilidad con que los usuarios de arriba, apoyados por las malas autoridades y sus amigos, tranquilamente siembran pequeñas parcelas de arroz en pleno verano, olvidando que en la parte baja, beben miles de vacas.

Es lamentable la situación del río Badillo, río Seco, así como los ríos Callao, Manzanares, Mariangola, El Diluvio fue muy potente y Garupal, completamente secos, algunos por cuyos cauces se pasean iguanas y lobos buscando agua, así como muchos vacunos y bestias que a veces tienen que sacar pañuelo, para disimular las aguas sucias que salen de los alcantarillados regionales. Igualmente dan tristeza los ríos Fundación, Aracataca, Tucurinca, Sevilla, Río Frío, La Aguja, todos golpeados fuertemente por los cultivadores de palma, arroz y banano.

Los ríos para La Guajira, están en las mismas condiciones y sólo el Ranchería, el que desemboca en infinidad de caños de corto recorrido, lo sostienen en su caudal.

Uno de los ríos de nuestros afectos, es el río Manaure o Pereira, donde la juventud vallenata gozó de sus aguas frías en el pozo de La Danta y alguno como el doctor Alfonso Araujo, tuvimos que atravesarlo muchas veces con nuestros burros, cargados de café. Lo espantoso ocurre en el río que le dio el nombre a nuestro Departamento, el río Cesar, hoy es un alcantarillado de color verde, donde cae por la irresponsabilidad de los alcaldes, el alcantarillado de la ciudad, por el afán de robarse unos pesos.

Ese río que los primeros años del siglo veinte, navegó desde Barranquilla hasta el actual puente El Salguero, un pequeño barco de aspas, llamado El Diluvio, propiedad de los señores Urbano Pumarejo y José María ‘Pepe’ Castro Baute, mi abuelo, por donde además trajeron infinidad de mercancías entre ellas pianos y acordeones.

Hoy las miles de vacas que beben de esa agua inmunda, como lo aseguró un amigo de San Diego, se tapan la nariz con un pañuelo y sueltan abundantes lágrimas de dolor. En Las Pitillas, corregimiento del municipio de San Diego, vive un grupo de amigos que se abastecían de la pesca en el río Cesar, todavía hay abundancia de peces en esa zona, pero con dos problemas graves: uno, los que entran al río a pescar en la tarde tienen las piernas quemadas por los desechos intestinales de todos los vallenatos, y el otro es que los peces que se pescan en la tarde, los escaman y los tapan con sal, y aún así temprano no se pueden comer, por su profundo olor a mierda, o sea que una comunidad trabajadora como la de Las Pitillas, está llamada a pasar hambre dentro de muy poco.

Quiero hacer un llamado de atención a la juventud cesarense, hablar menos de política y luchar para conservar las aguas de los ríos, en el caso del río Cesar, para que sus aguas sigan siendo limpias como cuando navegaban los barcos El Diluvio y Tempestad.

Gracias, doctor Alfonso Araujo Cotes, por su iniciativa, sigue siendo Usted, el abanderado para enfrentar los problemas de nuestra tierra.

José Guillermo ‘Pepe’ Castro


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