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Valledupar,
La construyó Simón Bolívar en 1837
Una centella destruyó la parroquia de Simití

Habían pasado tres meses después del dos de abril de 1837, cuando el libertador Simón Bolívar llegó al caserío que habían formado los indígenas Tahamíes, quienes desde comienzos de 1836 se convirtieron en esclavos del yugo español que los obligaba a entregarles cargamentos de oro a cambio de no ser fusilados en el paredón.

Junto con soldados orientados en esa región por Gonzalo Jiménez de Quesada, el Libertador resaltó la organización del pueblo que erigió Antonio Lebrija Maldonado, prócer de la historia, a quien los simiteños consideran como el descubridor de uno de los municipios más antiguos del departamento de Bolívar.

En esa época, Gonzalo Jiménez de Quesada dio la orden para que sus soldados con la ayuda de la comunidad existente y la colaboración de los Indígenas del cacique Mití, se construyó el tempo católico que 233 años después fue devorado por un incendio pero en los dos meses siguientes de 1770, cientos de trabajadores de la región la reconstruyeron convirtiéndose en la actual parroquia de ‘San Antonio de Padua’.

Esta parroquia, desde su construcción en 1837, había soportado fuertes movimientos telúricos, vientos huracanados, inundaciones prolongadas, incendios y el peso de los años que intentaban carcomer sus paredes de más de un metro de espesor, pero no resistió el rafagazo de un rayo que sin lluvia cayó sobre los bastidores que sostienen los nichos donde van los patronos del pueblo.

El ‘tiempo seco’ que se hizo sobre los cielos de Simití a finales de junio, provocó que los católicos de ese municipio del sur de Bolívar cerraran el templo por motivos de seguridad, ya que las columnas de madera y el tejado de la parte lateral, amenazaban con caerse en el altar donde el sacerdote oficia las misas diariamente porque el centellazo colapsó la estructura interna construida en madera.

Sobre el cierre de la parroquia, el presbítero José Ignacio Ávila Chávez, párroco de la iglesia San Antonio de Padua, dijo que hasta que no se repare las áreas averiadas del templo, no se oficiarán misas allí, ya que el estado en que quedó, podría desmoronarse el techo y causar una tragedia.

Lo mismo dijo el mandatario de los simiteños, Oscar Rendón Padilla, quien afirmó que en días anteriores, presentó un proyecto ante el Ministerio de Cultura, para que se asignen los dineros necesarios para reparar el templo que es patrimonio de la humanidad y monumento nacional, de acuerdo con el decreto 1930 del 24 de septiembre de 1993.

Por su parte, los feligreses Gilma Delgado y Luís Presentación Cuellar, dijeron que “afortunadamente el día que cayó el rayo no oficiaban la misa, caso contrario se hubiera presentado una tragedia porque fueron muchos los escombros que cayeron encima de las bancas y el altar.

Hoy, San Antonio de Padua, patrono de Simití, tuvo que ser bajado de su nicho y llevado a una habitación donde reposará por un buen tiempo, ya que hasta que no se reconstruya la parroquia no se celebrarán misas allí.


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