La tarjeta de crédito
Te salva la vida o te hace perder la cabeza

Por Libia Orozco
Para incentivar el uso de los medios de pago electrónicos a través de tarjetas de crédito o débito, los bancos acostumbran a lanzar diversas promociones. El objetivo es transmitir a los clientes que las tarjetas “son un medio práctico, seguro y cómodo”, y generar en forma lenta un cambio en el uso de los productos bancarios.
Las tarjetas de crédito tienen un límite en el cual puedes endeudarte tanto como quieras al gastar. Estás pidiendo un préstamo al banco, con aprobación ya dado en tu límite de crédito. Hasta tanto alcances el tope de la deuda total asumida puede ser pagada en un número de cuotas, que según tu entidad financiera puede ser dividida en una cantidad de cuotas, las cuales podrán ser pagadas con sus respectivos intereses.
Existen tarjetas de crédito que son prepagadas que funcionan como débito, pero con el respaldo de las marcas de tarjeta de crédito internacionalmente reconocidas, por lo que puedes utilizarlas sin problema en muchos lugares para evitar la deuda por intereses lo que debes hacer es pagar toda la deuda antes de la fecha límite al llegar tu factura. Cada tarjeta tiene una fecha de corte en la que se genera tu factura. Al generarse la factura, la misma tendrá una fecha límite de pago total.
Sin embargo, aunque a simple vista es muy bueno, los expertos advierten que como en todo producto financiero el uso del dinero plástico tiene desventajas que son importantes tener en cuenta.
Lo bueno
Son uno de los mejores inventos de la economía capitalista. Las tarjetas de crédito incrementan enormemente tu capacidad de compra y te ofrecen seguridad, pero mal usadas pueden llevarte a la bancarrota. Con la tarjeta de débito el pago es de contado y por lo tanto no existe el financiamiento, además de que su mal uso tiene efectos inmediatos sobre el saldo del cliente.
”Mi mejor amiga”, así la llamó Jasmín, una ejecutiva de ventas de una gran empresa que viaja por diferentes ciudades de la Costa, quien agrega que “vaya donde vaya, estoy tranquila si llevo conmigo una tarjeta de crédito. Cualquier problema que tenga, con el carro, si pierdo un vuelo, si necesito algo inesperadamente y no tengo dinero. Todas estas situaciones no me preocupan teniendo mi tarjeta”.
Quizá sea esa sensación de seguridad y protección en caso de emergencias el principal atractivo de una tarjeta de crédito: saber que pase lo que pase y siempre que se trate de dinero, teniendo una tarjeta todo se resuelve. Para la mayoría de la gente sería inconcebible viajar sin una tarjeta en la cartera, y ‘¿si pasara algo?’.
Esta tranquilidad supera en muchos casos el otro gran beneficio de las tarjetas, la capacidad de ampliar tu poder de compra, de poder simplemente ‘cargar’ cualquier compra a la tarjeta e ir pagándola en cómodos plazos.
“Especialmente, en época de fiestas me sería imposible comprar todos los regalos de la familia sin mi tarjeta. Porque aunque me proponga unos límites de gasto, al final me paso y tardo varios meses en pagar todas las compras”, dijo Martha, una abogada y madre de dos hijas.
Otra gran ventaja es que las tarjetas son aceptadas en todo el mundo, ya no hay que cambiar dinero cuando llegas a otro país, y además permiten acceder a dinero en efectivo de forma inmediata a través de cualquier cajero automático.
Por último, otra ventaja importante es el historial de crédito. Cada vez que utilices la tarjeta fortaleces un poquito más tu historial crédito, cada vez que pagues tus facturas estarás contribuyendo a aumentar el crédito que te ofrecerán en el futuro.
Usando las tarjetas incrementarás las posibilidades de recibir un préstamo, una hipoteca o simplemente de aumentar el crédito de tu tarjeta.
Además, la gran mayoría de las tarjetas ofrecen prestaciones adicionales como son seguros de accidente.
Lo malo
Este recurso que nos facilita tanto la vida si es mal usado puede ser nuestro fin financiero. La misma capacidad de comprar puede volverse en contra de nosotros.
“Las tarjetas han sido la perdición de mi esposo. Simplemente no puede controlarse. Una vez tuvimos que cancelarla y refinanciar la deuda, y al tiempo aparecía nueva mente cargado el extracto. Al final se las tuve que esconder y manejarlas yo misma”, dijo Ingrid, una fisioterapeuta.
Otro factor que hay que tener en cuenta son las tasas de interés asociadas a las compras con crédito, que son tan altas que acaban encareciendo enormemente aquello que compra. Y tampoco olvide el resto de las tarifas que cobran las empresas emisoras de tarjetas anuales, por acceso a efectivo, por tardanza de pago, manejo de tarjeta, etc.
Con la tarjeta debito en caso de robo, el ladrón podrá hacer cualquier uso de la tarjeta, que se verá reflejado de inmediato en tu saldo. Peor aún cuando no reportaste el hurto, resultará casi imposible recuperar tu dinero.
Respecto a las comisiones que pagan por el uso del plástico, las entidades bancarias sugieren utilizar en la medida de lo posible los cajeros automáticos de la sucursal y evadir así los cargos por la utilización de máquinas de otras entidades.
También es recomendable preguntar al ejecutivo los costos mensuales y anuales que tendrás que pagar. Y es que si tienes una tarjeta de crédito, es importante que conozcas lo que estás pagando por utilizarlo, pues ‘lo malo’ te puede llegar después en tu estado de cuenta.
En definitiva, la tarjeta es un recurso útil, que nos amplía nuestro poder adquisitivo y nos saca de muchos problemas pero que si se usa sin cuidado termina costándonos muy caro.