Irlanda dijo "no" al Tratado de Lisboa

Irlanda rechazó en referéndum el Tratado de Lisboa, un documento clave para la reforma de las instituciones comunitarias, y abrió una nueva crisis en el seno de la Unión Europea.
"Este resultado provoca incertidumbre y dificultades", reconoció este viernes el primer ministro irlandés, Brian Cowen, mientras que en el lado opuesto, los detractores del texto celebraban lo que, en su opinión, ha sido una "gran victoria para la democracia".
Lo cierto es que la relativa holgura con la que el "no" se impuso al "sí", un 53,4 por ciento frente a un 46,6, y con una participación superior al 50 por ciento, coloca al Ejecutivo de Dublín en una situación complicada de cara a una posible renegociación del documento.
Tras la derrota del primer referéndum sobre el Tratado de Niza (2001), el Gobierno irlandés pudo celebrar otro al año siguiente después de obtener ciertas aclaraciones de Bruselas respecto a la neutralidad nacional y porque la participación del electorado en la primera consulta fue tan baja que no se consideró representativa.
El Tratado
El Ejecutivo, dicen los opositores, tiene ahora un significativo mandato electoral para volver a Bruselas y parar en seco el proceso de ratificación del texto comunitario, a pesar de que 18 países miembros ya lo han aceptado por vía parlamentaria.
"Esto es democracia en acción y Europa tiene que escuchar la voz del pueblo", dijo el multimillonario irlandés Declan Ganley, director de "Libertas", uno de los grupos de presión contrarios al documento más activos y mejor financiados de la campaña.
Según "Libertas", grupo fundado en 2004 para protestar contra el proyecto de Constitución de la Unión Europea (UE), el Tratado de Lisboa despojaba ahora a Irlanda de su influencia en la Unión y permitía a Bruselas "interferir" en su capacidad para determinar, por ejemplo, su propio impuesto de sociedades, una de las claves del crecimiento económico de la isla.